NOTICIA DE ARCHIVO

El niño de la torta

Observaba días atrás una foto qué supongo fue a color y que al paso del tiempo se ha tornado un tanto deslavada, en ella se observa un niño de unos cuatro años, de perfil, con una sonrisa muy expresiva, mientras está a punto de comerse una enorme torta, casi del tamaño de su rostro infantil. En esa imagen, resaltan sus ojos llenos de brillo, que derrochan energía.

Han pasado ya cuarenta y cuatro años, desde que esa foto fue tomada, dejando evidencia de un momento totalmente cotidiano en la vida de un pequeñito. El niño de la foto soy  yo. ¿Me pregunto? Qué ha pasado a lo largo de mi vida, entre el click de la cámara, que dio origen a esa foto y mi vida actual; pues en algún momento, el brillo de los ojos se fue perdiendo, para dar paso a una mirada nostálgica y de tristeza.

Los seres humanos, nos enfrentamos a varios grandes enemigos en el trayecto de nuestra vida, el principal, somos nosotros; y otros muy poderosos son el miedo, el orgullo y la vanidad. El miedo al futuro, a perder lo que tenemos, o ¡lo que no tenemos! La angustia por no ser aceptados en cierto grupo social, miedo a no ser amados, a no ser reconocidos, a no encontrar la paz y la felicidad. Miedo al pasado, aunque éste no podamos cambiarlo, miedo al qué dirán, miedo a cómo me veo, miedo...y más miedo.

Por otra parte el orgullo no nos permite ver nuestros errores y nos hace que siempre culpemos a los demás de nuestros males: nuestra esposa, los amigos, un hermano, el gobierno, la situación económica, todos son culpables, y queremos dejar en ellos, nuestra responsabilidad y nuestros errores. El orgullo, no nos permite ver hacia dentro de nosotros y descubrir, después de hacer un inventario moral, todo lo que está mal y debemos de desechar.

Es habitual que en las empresas se hagan inventarios para garantizar la continuidad de la misma, observar, qué está roto, en mal estado, qué no sirve o está echado a perder, qué material sobra y sólo ocupa espacio, qué debemos renovar y qué debemos desechar. Lo mismo deberíamos hacer con nuestras acciones del pasado, que se quedan guardadas en nuestros sentimientos y que sólo ocupan un espacio, que no permiten que fluyan nuevas ideas, "energía renovada y positiva". Un inventario moral, que nos permita dar de baja todo aquello que ya no nos sirve y que sólo contribuye a que generemos resentimientos, frustraciones y sentimientos negativos.

Es tan negativo guardar rencores, ¡y no nos damos cuenta! No podemos cambiar a nadie para bien, guardándole rencor, los rencores sólo nos cambiarán a nosotros para mal.

Supongo que al haber guardado, durante mucho tiempo en mi vida, muy dentro de mi interior, sentimientos como el orgullo, el miedo y la vanidad; fueron borrando la luz de aquellos ojos infantiles, para dar paso a un ser, que equivocadamente pensaba que la felicidad y el éxito, solamente podían ser conseguidos, con base en el reconocimiento público y la acumulación de bienes materiales.

¿Cuántas veces pensamos? que si alguien no nos quiere, no seremos felices, lo que se torna en un error mayúsculo, que nos llevará a la frustración, pues la felicidad, deberá solamente de depender de nuestros actos y de nuestros pensamientos. Ahora con el paso del tiempo, he aprendido que las sensaciones de bienestar y de tranquilidad que comúnmente, nos llevan a sentir y vibrar con la felicidad, son estados muy personales, que no podemos dejar en manos de otras personas, ya sean nuestra pareja, nuestros hijos, padres, amigos o incluso nuestro jefe en el trabajo. Debemos admitir que hay circunstancias que sólo nos competen a nosotros mismos.

¿Qué le hice al niño de la torta? ¿Qué sueños le quité? ¿Cómo miné su autoestima, su amor propio? ¿Cómo le sembré defectos de carácter; como el miedo, el orgullo, la vanidad, la ira, la dependencia, la intolerancia?

¿Cómo puedo ahora regresarle el brillo de sus ojos, su confianza, su amor, su seguridad y sus deseos de aprender y de ser mejor ser humano cada día?

Afortunadamente ese niño que algún día descuidamos, vive dentro de nosotros, esperando pacientemente, con inocencia y amor, a que retomemos el sendero adecuado, alejado del miedo, el orgullo y la vanidad; para otra vez, tener la misma energía y el interés, de ser un ser humano que trascienda.

Hacer un inventario moral es un acto muy difícil, doloroso, confrontante, sobre todo, si se hace honestamente y no se oculta nada; pero el resultado es sumamente halagador; porque nos libera de toda la carga, que no nos permite ser libres y regresar a los orígenes de nuestra vida, que son: la sencillez, la tranquilidad, la honestidad, el amor, y la felicidad.

El rostro y el cuerpo envejecen. El alma aprende o se pierde. La inteligencia puede ser usada positiva o negativamente. Nosotros podemos hacer de nuestro cuerpo, la tumba del alma o por el contrario, su mejor soporte.

Los ojos brillarán cada día más, en relación a los actos y pensamientos positivos, a las buenas acciones anónimas, qué no busquen el reconocimiento de otros. Los ojos se verán más limpios, en la medida que cada palabra emanada esté llena de amor y de verdad, cuándo las palabras sean para alentar y no para agredir. Los ojos iluminarán a quien los vea, sólo cuando exista congruencia, sencillez y pensamientos positivos. Y entonces el niño de la torta, desde su mundo en el pasado, podrá comérsela con todo gusto y tranquilidad, sabiendo qué cuando creció, logró su objetivo.

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Por: FERNANDO SANCHEZ

DESCONOSCO EL MOTIVO POR EL Q ESTE PERIODICO SIGUE PUBLICANDO OPINIONES DE ESTE FUNESTO PERSONAJE..SEGUN EL MUY PREOCUPADO POR LOS SUCESOS COTIDIANOS CUANDO MEJOR DEBERIA PREOCUPARSE POR LA VIDA DENIGRANTE Q LE DA A SUS POBRES EMPLEADOS,,,ES NEFASTO