NOTICIA DE ARCHIVO

En busca del símbolo perdido

NUEVA YORK, EU.- El autor de El Código DaVinci regresa con un texto que retoma la tradición masónica y se recrea en la figura de George Washington.

Se espera que venda unos 40 millones de ejemplares del best seller

Milenio
NUEVA YORK, EU.- Estados Unidos no fue fundado como una nación cristiana. Para un buen número de republicanos, la última novela de Dan Brown, el autor de El Código Da Vinci, amenaza con ser toda una revelación. Los que comúnmente se refieren al libro de oraciones de George Washington o a la piedad de los Fundadores van a trastabillar.

Como lo confirma el libro, el "padre" de la nación americana era un francmasón declarado. Y, con él, una docena de los autores de la Constitución. Contrariamente a lo que creen 55% de los estadunidenses (y 75% de los republicanos), el texto de 1787 no hace referencia a Dios. Y si bien la Declaración de Independencia, el otro documento fundador, hace mención a un "Creador" que dio a los hombres derechos inalienables, es casi una figura retórica, la de un gran Relojero con un lejano parentesco con el Dios cristiano.
 
Los Fundadores no eran devotos, muy al contrario. Estaban en ruptura con los excesos de celo de las iglesias de su tiempo. Las referencias religiosas vinieron más tarde; en los periodos de guerra. La divisa In God We Trust ("En Dios confiamos") que figura en la moneda, apareció durante la guerra civil de 1863 Y el Under God del sermón de 1954 (Una nación bajo Dios"), en pleno maccarthismo. Desde Pearl Harbour, el Congreso celebra cada noviembre la Semana nacional de la Biblia, donde los parlamentarios dan rienda suelta a su fe. El libro de Dan Brown El símbolo perdido, que salió a mediados de septiembre en la editorial Doubleday con el modesto tiraje de seis millones de ejemplares, vendió en el primer día dos millones de volúmenes y desde entonces sigue encabezando la lista de los más comprados.

La hechura es la misma que en El Código Da Vinci; salvo que se reemplaza París por Washington, y el Vaticano por la francmasonería, hallándose coincidencias que "dan qué pensar". Además de los aforismos que hacen caer en la perplejidad: del desorden sale el orden (ordo ab chao; la divisa de los masones). Del caos emerge la perfección secreta.

Esta vez Robert Langdon, el simbologista de Harvard, no tiene más que doce horas para resolver un enigma que comienza en el Capitolio. Su amigo, el profesor Salomon, masón iniciado, ha sido secuestrado. Rápidamente, se lanza a la búsqueda de una pirámide que encierra la llave de la sabiduría mística... Dan Brown detalla las ceremonias masónicas en una forma más bien admirativa y los aludidos califican de "muy positiva" la presentación que hace de su orden.
 
A sabiendas de que El Código Da Vinci vendió 81 millones de ejemplares desde su salida, en marzo de 2003 (la víspera del inicio de la invasión a Irak), se estima que "no es ilógico" pensar que El símbolo perdido podría alcanzar más de 40 millones de ejemplares. La intriga conduce al héroe a recorrer los tesoros arquitectónicos de la capital federal. Hay ahí una representación de George Washington poniendo la primera piedra del Capitolio en su delantal de masón; junto a una escuadra y un compás. "Esto podría chocar a algunos lectores", advierte la cadena NBC.

No solamente Dan Brown insiste marcadamente en el pasado de librepensador del primer presidente, sino que deja pensando que los Fundadores se inspiraron en algunos principios masónicos --elección de los líderes, voto secreto-- cuando delinearon las instituciones. Washington ya ha servido de decorado de la película El tesoro nacional con Nicolas Cage en el papel del arqueólogo Benjamin Gates.

Bajo la pluma de Dan Brown la ciudad se convirtió en la capital del esoterismo, además de que ya existen los Lost Symbol Tours (El recorrido de los símbolos): 75 dólares por dos horas de "tour masónico", donde se pasa por el templo masónico de George Washington en Alejandría, uno de los edificios más elevados de la región, inspirado en el faro de Alejandría. Luego el templo del Rito escocés de la calle 16.

Sobredimensionado en su pedestal, flanqueado por dos esfinges, alberga en la actualidad 33 sillas de ceremonia y 33 columnas de 33 pies de altura. La cifra 33 como 15 + 9 + 09, la fecha de publicación de El símbolo perdido. La prensa se divierte en contabilizar a los francmasones en la clase política. Son muchos en el Congreso, siendo Gerald Ford, el adjunto de Richard Nixon, el presidente número trece después de Washington.
 
Como disfrutó en constatarlo un crítico de Time, Washington puede ahora competir con Roma o París por la cantidad de símbolos, cuando los estadunidenses no son más que turistas en camiseta y marcado sobrepeso. Ellos tienen una historia "tan bizarra" como la de los otros, un dólar suspendido de una pirámide y una capital llena de sombras, de misterios góticos y de ritos secretos.

© Le Monde

Comentarios archivados


Por: SW

Lo estoy leyendo, voy a la mitad. La verdad al principio sentí que iba un poco lento pero ahora empiezan a presentarse sorpresas en cada pagina y la accion comienza a remontar. Puedo intuir que va a alcanzar una velocidad vertiginosa hacia el final, tal como sucedió con Angeles y Demonios.