Belga en sacbé

Los trabajos para la construcción del Cuarto Museo Mundial del Cacao no tardaron en dañar estructuras prehispánicas con una antigüedad superior a mil años.

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Para los que no sabían, la “Conquista” de los antiguos mayas, aunque hayan transcurrido más de 500 años, persiste todavía. Pero en esta ocasión no fueron los españoles con sus caballos, maquinaria de guerra y sus enfermedades. No. Ahora fue un solitario “expedicionario” nativo de Bélgica.

El 2 de julio de 2011, la empresa belga “Belcolade” presentó al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) el proyecto “Choco Story Chichen Museo” –más simple, el Cuarto Museo Mundial del Cacao- y anunció a Mathieu Michel Claude Brees como el representante legal, o sea, el moderno conquistador. La obra se efectuaría en la zona arqueológica de Chichén Itzá.

El objetivo era representativo, puesto que Chichén Itzá –ubicada en el municipio yucateco de Tinum, al oriente de Mérida-, es desde 1988 Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), y desde el 7 de julio de 2007, una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo.

Pero los trabajos empezaron hace casi seis meses bajo un panorama de presuntas irregularidades. De entrada, ¿quién autorizó al empresario belga la construcción? ¿La familia Barbachano? ¿El propio INAH? ¿El Gobierno estatal a través de Cultur?        Y todos se tiran la pelotita. En el INAH, al parecer, hubo autorización de palabra con la presunta complicidad de altos funcionarios; la familia Barbachano cedió esa parte de terrenos que no le corresponden, y el Gobierno del Estado, a través de su intermediaria Cultur, al parecer ni fue tomado ni en cuenta.

Los trabajos no tardaron en dañar estructuras prehispánicas con una antigüedad superior a mil años y, específicamente, un sacbé o “Camino Sagrado”, con el cual los antiguos mayas se comunicaban. El también conocido como “Camino Blanco”, por su característico color, era el paso para transitar del Templo de las Mil Columnas a un pequeño Juego de Pelota de Chichén Itzá; estos edificios datan del período Clásico Tardío (900-1100 dC).

PRIMERA CAIDA.- Esta situación puso focos de alerta en el INAH. El pasado fin de semana arribaron a Yucatán especialistas de la dependencia para efectuar un peritaje de los daños ocasionados en Chichén Itzá, aunque todavía no se rinde un informe oficial.

SEGUNDA CAIDA.- En un reciente episodio, ocurrido el pasado día 9 de este mes, Mathieu Michel Claude Brees, el empresario responsable, amenazó con denunciar a los funcionarios del INAH por la suspensión de la obra, pero tampoco quiso demostrar quién le autorizó a comenzar los trabajos del Cuarto Museo del Chocolate.

TERCERA CAIDA.- En resumen, señaló un arqueólogo que labora en Chichén Itzá y que pidió el anonimato: “Hay un contubernio entre el INAH y la familia Barbachano: la suspensión de la obra fue por presiones de la dependencia a nivel federal que, hasta hace una semana, dirigía Sergio Raúl Arroyo. De no ser así, parte de esa zona prehispánica de Chichén Itzá habría valido, realmente, “belga”.

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