Martes, 27 de Septiembre del 2016

Museo invita a visitantes a 'sentarse y usar' un inodoro de oro de 18k

Con la invitación 'sentarse y usarlo' quedó expuesta de forma indefinida la exposición 'America', de Maurizio Cattelan, en el museo Guggenheim.

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En esta foto, suministrada por el Museo Solomon R. Guggenheim, se muestra el mueble de baño de 18 quilates de oro, como parte de la exposición 'América' del artista italiano Maurizio Cattelan. (Kristopher McKay / Museo Guggenheim a través de AP)

En esta foto, suministrada por el Museo Solomon R. Guggenheim, se muestra el mueble de baño de 18 quilates de oro, como parte de la exposición 'América' del artista italiano Maurizio Cattelan. (Kristopher McKay / Museo Guggenheim a través de AP)

Agencias
NUEVA YORK, EU.- Cientos de visitantes en el museo Guggenheim hacen fila para "probar" la taza de baño de oro creada por el italiano Maurizio Cattelan, según publicó el sitio web de ANSA latina.

Tras cinco años de silencio, Cattelan realiza un controvertido pero decididamente curioso retorno.

Trevor White ha dejado una obra en construcción vecina al museo, anticipando su horario de almuerzo, para experimentar la embriaguez de sentarse en la "obra" del artista italiano.

América, es el título del particular "excusado" instalado en el quinto piso de la rotonda de Frank Lloyd Wright que, según el joven, le "habla" de dos maneras.


"Por una parte, sobre la percepción de nuestro país como tierra de todos los excesos y, por otra, como aquella tierra de oportunidades. Es decir, si trabajas duro, finalmente puedes permitirte incluso algo como esto", sostiene Trevor.

Responde así a los periodistas que le preguntan si considera que la última provocación del artista de Padua es una oda a la dicotomía (División en dos partes) entre "el uno por ciento de los ultra ricos, estilo Donald Trump, y el restante 99 por ciento de los estadounidenses".

Se percibe una cierta condescendencia en las preguntas de la prensa. Tal vez porque Trevor es negro y usa botas industriales.

Maurizio Cattelan dijo que la forma en que las personas interactúen con la pieza 'es parte del juego'

Egresado de la Universidad de Columbia hace dos años, amante del arte y visitante frecuente de museos, el joven afro-americano, primero en la fila frente al baño, es también víctima de los estereotipos de un país donde si uno es negro viene de un ghetto (área especial para un grupo étnico, cultural o religioso,) y donde no necesariamente es oro todo lo que reluce, como la taza de baño de Cattelan, tan solo revestida en oro 18 quilates y que el guardia de seguridad invita a usar con reparos.

"No levanten la tabla", indica. Una precaución necesaria para usar la "obra de arte", pero que sin embargo requiere un constante trabajo de limpieza: un empleado pasa para retocarlo cada cuarto de hora. Cattelán fue al museo días pasados para supervisar la instalación de la taza en uno de los baños unisex del museo.

Un retorno polémico al Gugenheim, el mismo sitio donde hace cinco años había dicho adiós al arte con All, una retrospectiva de su obra completa.

Entre quienes esperan en la fila frente al baño está la familia Borhi, de Reggio Emilia. "De Catellan conocía solo el Papa Wojtyla", dice Elena, la madre.

Para los tres italianos la taza de oro compensó el hecho que, entre una muestra y otra, la rotonda hubiese sido cerrada al público.

Por esta razón, hoy en el Guggenheim hacer "pipí" en la taza de oro implica un descuento: cuesta 15 dólares en lugar de los habituales 25.

Más allá de la fila, se ingresa solo al baño y uno se encuentra cara a cara con el arte. Y con el interrogante de si el "trono" de Cattelan pueda ser una obra maestra, en la línea de la Fuente de Marcel Duchamp de 1917 y la Mierda de artista, de Piero Manzoni, de 1961.

Con una diferencia: esta vez el consumo es "interactivo", la taza de baño de oro permanecerá en el museo hasta que algún coleccionista decida comprarla.

Mientras tanto, explican en el Guggenheim, la manera en que se comporta el público es parte del juego teniendo en cuenta que, a diferencia de la constante invitación a "no tocar" exigido a los visitantes de museos y galerías, "tocar" en este caso es parte integrante del proceso creativo.

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