29 de Junio de 2017

Opinión

Heridas...

La muerte de alguien importante en la vida es un cambio enorme y a veces inesperado

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El duelo son todas las reacciones, sentimientos y cambios que ocurren durante la cicatrización de la herida por la pérdida.- Dra. E. Kubler-Ross

En la escala de adversidades que en su vida afronta el ser humano, la más traumática es la pérdida física de un ser amado. Hay adversidades tales como “llegar retrasado a una cita importante, un viaje muy deseado que se cancela por algún imponderable”, etc., pero la más fuerte es la pérdida por la muerte. Los que seguimos viviendo afrontamos un panorama y un trauma desoladores, enormes presiones, decisiones importantes y violentas emociones. El dolor, el duelo de los que se quedan, comienza.

Muchos desconocemos lo que es el duelo hasta que lo experimentamos. Imaginamos que nos sentiremos tristes y heridos y que tal vez nos sorprendan otras emociones, como el enojo y la culpa. Recientemente diversas investigaciones han revelado que existen patrones de emociones identificables durante el duelo y conocerlos y reconocerlos nos puede ayudar a que la conmoción y el dolor que sentimos sean parte de la cicatrización de la herida que ocasiona la pérdida.Las etapas son: negación, coraje, regateo, depresión para llegar a la aceptación.

La muerte de alguien importante en la vida es un cambio enorme y a veces inesperado. Cuanto más intensos y profundos sean nuestro amor, dependencia y esperanza tanto más dolerá. No podemos evitar el dolor y hay que ser conscientes de las emociones que conlleva; negarlas provoca enfermedades y angustia. El proceso de sanar la herida es gradual. Sobrevivir al duelo no es dejar de extrañar a la persona. Estará en nuestra vida siempre, de manera diferente. El dolor irá siendo menos intenso. Se puede sobrevivir a cualquier pérdida, como una separación, cambios financieros, de trabajo, profesionales y la muerte.

La pérdida es una herida (psicológica, seria y dolorosa) igual que la de cualquier lesión en el cuerpo físico y requiere de cuidados tiernos y amorosos, de acompañamiento con tiempo de calidad, para que se desarrollen la serenidad, la esperanza y la fe.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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