24 de Abril de 2017

Opinión

Agonía, tu propia huella

Pasamos por alto los impactos negativos de nuestras acciones...

Se el cambio que quieres ver en el mundo.- Gandhi

En los últimos años hemos escuchado hablar con más frecuencia e interés acerca del cambio climático, de los impactos negativos que nos ocasiona y de las medidas de mitigación y adaptación que podemos implementar para hacerle frente. Ante esta situación las ciudades precisan de un desarrollo urbano más sostenible. Mérida se encuentra en transición de ser una ciudad a ser una metrópoli y con ello vienen mayores preocupaciones y temáticas a tratar y resolver, por ello debemos llevar al cabo acciones inmediatas y a corto plazo para evitar poner en riesgo la economía de las familias así como las cuestiones sociales y ambientales, las cuales se encuentran estrechamente interrelacionadas entre sí y son los pilares del equilibrio de un territorio y del buen funcionamiento de las ciudades.

El cambio climático significa la modificación del clima por orden natural, pero sobre todo por el impacto del hombre en la naturaleza. En este sentido podría decirse que nosotros mismos estamos cavando nuestra tumba, la de nuestros hijos y nietos. Este fenómeno lleva afectándonos años, pero no toda la población ha caído en la cuenta de nuestra responsabilidad al respecto; nos quejamos de las altas temperaturas, de la sequía, del esmog en el ambiente, de las inundaciones, de la pérdida de las cosechas, del incremento de plagas y enfermedades transmisibles, entre otras quejas, pero, por nuestra parte, ahí vamos a cortar el árbol que “genera basura” o que “estorba “, olvidamos o nos vale afinar nuestros motores, tiramos basura en la calle, en lotes baldíos o en donde sea, tampoco la separamos, dejamos contenedores con agua estancada en los patios, usamos fertilizantes y pesticidas químicos, seguimos utilizando el aire acondicionado indiscriminadamente y aun en tiempos templados, seguimos dejando encendidas las luces y equipos eléctricos, continuamos generando más y más basura, dejamos el agua correr cuando no la necesitamos o no cerramos bien las llaves, utilizamos innecesariamente papel y plástico o no queremos cambiar a focos ahorradores. Es decir, hacemos tantas cosas de manera habitual y cotidiana que pasamos por alto los impactos negativos de nuestras acciones ante la gravedad e intensidad de la problemática que padecemos y que irónicamente nos ocasionamos.

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