20 de Agosto de 2017

Opinión

¡Ofelia por siempre!

Ella es grande en el teatro, las novelas, el cine: donde sea que esté Ofelia, hay grandeza.

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Muy conocido es el aprecio que tienen los artistas yucatecos fuera de Yucatán, a veces creo que se les tiene más fuera que dentro. No es gratuito tal aprecio, sin duda Yucatán es cuna de poetas, trovadores, pintores, actores y escritores que han colocado a nuestra tierra como un lugar inspirador y mágico. En medio de todos ellos, tenemos una artista inigualable que no deja de cosechar frutos ni aprovechar cada espacio que tiene para elevar su voz contra la injusticia y la discriminación. Me refiero a la extraordinaria actriz Ofelia Medina. Ella es grande en el teatro, las novelas, el cine: donde sea que esté Ofelia, hay grandeza.

Tuve la oportunidad de verla el domingo pasado en la obra Mamá por siempre, una comedia exquisita de Michael Tremblay. Junto con Manuel Ojeda, otro histrión de nuestro cine, hace la delicia de los espectadores que lo mismo reímos a carcajadas que guardamos un silencio nostálgico al pensar en nuestras propias mamás y sus historias que tanto nos arrobaban de niños. Ofelia es la madre chantajista, mentirosa, exagerada, castigadora, lunática, carismática, lectora, indetenible, una madre que al inicio de la obra se nota hasta perversa al atemorizar a su pequeño hijo, escritor en ciernes que usará a fondo el imaginario que su madre hace crecer en su cerebro. Ella lo presiona para que lea pero no admite que el niño le cuestione los defectos de los personajes que tanto ama. Poco a poco, la madre se hace vieja y el niño crece, habita esa isla lejana a la que se lanzan tantos escritores para pescar sus historias. La madre siente celos de la profesión del hijo, se culpa por haberlo acercado a tan temprana edad a los libros; quizá por eso él es escritor y se siente tan lejano a ella.

La madre se enferma y el hijo quiere detener la muerte hasta que él logre triunfar y su madre sea testigo de ello. Ofelia traza un personaje espléndido: lo mismo con su delantal tendiendo la ropa en la azotea al ritmo de la música, temblando en garras de la muerte o brillando como una aparición en un impecable vestido verde. A mí Ofelia me arroba siempre: un ejemplo a seguir, una artista única y poderosa, el domingo cuando llegaron los aplausos y todos nos desbordamos gritando: ¡Bravo, Ofelia! Se escuchó una voz en medio del público: ¡Ofelia por siempre! Así sea querida Ofelia: que tu magia en el teatro y en la vida sean eternas.

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