Homilía

'Cristo nos invita a seguirlo'

El que busca la Sabiduría, la debe pedir humildemente en la oración y Dios siempre se la concederá.

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El Evangelio de San Lucas presenta la vida pública de Jesús como un viaje hacia Jerusalén. (imagenzac.com)

El Evangelio de San Lucas presenta la vida pública de Jesús como un viaje hacia Jerusalén. (imagenzac.com)

XXIII Domingo del tiempo Ordinario

Sab 9,13-19; Fil 9-17; Lc 14, 25-33

La enseñanza de este domingo se presenta como una catequesis para el seguimiento de Cristo. Son tres aspectos complementarios que se ilustran, recíprocamente el Evangelio lo muestra como una renuncia, la primera lectura como una sabiduría y la epístola subraya que es un abandono en el que aquello que se deja viene restituido por Dios en forma nueva y abundante.

Con ello decimos que lo que el Señor quiere cumplir en nosotros ya lo ha realizado en la persona de Cristo. El renunció a la propia vida por amor nuestro y ha recibido del Padre la plenitud de vida, lo mismo sucederá con nosotros si aceptamos entregarle nuestra propia vida. A él entregamos nuestro pecado, y Él nos da el don de su misericordia.


Sabiduría del seguimiento de Cristo

El Evangelio de San Lucas presenta la vida pública de Jesús como un viaje hacia Jerusalén, en el cual los discípulos son cada vez más involucrados, para hacerles comprender que la vida es como un viaje siguiendo a Cristo. De hecho en los principios del cristianismo así eran llamados los creyentes en Cristo: “los del camino”.

Por ello la primera lectura viene a recordar la “meta” que consiste en: “conocer la voluntad de Dios”  para conociéndola hacerla vida en la propia existencia y vivir en comunión con Él. La diferencia entre un creyente y el que no cree, es que el primero conoce el camino seguro que conduce a Dios en cambio el otro lo está buscando, aquel es guiado por una luz –que si quiere- le permite caminar expeditamente.

Todos estamos en búsqueda permanente, porque vivimos en un cuerpo corruptible y en una tienda de campaña , pero no debemos atribuir a Dios nuestra ignorancia. La persona humana se ha hecho ignorante de la voluntad de Dios porque ha hecho caso a su egoísmo, a su concupiscencia, a las seducciones del mundo y muchas veces se vuelve esclavo de algunas de ellas, y esto es lo que le impide la obediencia a Dios, la decisión de hacer su voluntad y la fidelidad a los compromisos de su fe, estado de vida y vocación.

Cambia así el ser “siervo de Dios”, por la esclavitud a sus pasiones. Dios es el “viviente” por excelencia, a la persona que debe enfrentar la dialéctica entre cuerpo y espíritu y armonizarlos en orden a la voluntad de Dios en el marco de su vocación, le ofrece el don del Espíritu.

Dios interviene así para mostrarnos el camino y darnos fortaleza para andarlo. Por ello complementamos esta lectura, con el capítulo 9 en donde se nos dice que el que busca la Sabiduría, la debe pedir humildemente en la oración y Dios siempre se la concederá.

Exigencias del seguimiento de Cristo

El Evangelio nos propone un camino, Jesús que es la Palabra encarnada y la Sabiduría de Dios, camina hacia Jerusalén, y las multitudes lo siguen. Pero el texto precisa que no se trata tanto de caminar “con Él” sino de seguirlo para hacerse “su discípulo”. Que es una secuencia que me agrada recordar: Amar a Jesús, para conocerlo, seguirlo, imitarlo e identificarse con Él y poder decir con San Pablo: “ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”.

Las tres parábolas que Jesús narra, concluyen de la misma manera: “no puede ser mi discípulo”, que recuerda la conclusión de las tres parábolas precedentes: “Ninguno de los que habían sido invitados gustará mi cena” . Y anuncia como antítesis la conclusión de las tres parábolas que siguen donde se subraya el gozo cuando se encuentra lo perdido y cuando se celebra el banquete .

Dentro de este texto hay una afirmación que es central para llegar a ser discípulos de Jesús “renunciar a todas sus posesiones”. Se nos revela que para seguir a Jesús no nos falta nada, tenemos demasiadas cosas de abundancia. A Cristo despojado pendiente en la cruz, hay que seguirlo despojándose, desprendiéndose y haciéndose radicalmente disponibles.

Tres son las cargas que pesan y por tanto distraen, dificultan o detienen el seguimiento:

a)El tipo de relación con la familia, que no significa despreciar la propia familia, Cristo recuerda “honra a tu padre y a tu madre” . No hay seguimiento de Cristo, si hay odio en el corazón.

Hay momentos decisivos en toda vida. Como la situación de los Levitas con el becerro de oro , tuvieron que elegir entre Dios, o los familiares que lo habían rechazado.

¿Quiénes son mis hermanos y mi madre? Se pregunta Jesús y responde: Aquellos que escuchan la palabra y la ponen en práctica .Desde ese momento Jesús nos educa para pasar a otro plano en las relaciones con nuestros familiares a quienes amamos y aceptamos. En Caná, parece como que Jesús no hace caso a su mamá:“¿Qué existe entre tú y yo mujer?” , pero es que el nuevo Adán recibe a su Madre María, como nueva Eva. Lo mismo sucede con los discípulos, cada uno hemos dejado familiares y familia para seguir a Jesús, pero los volvemos a asumir y ser compañeros en el camino para ayudarlos y ser ayudados por ellos.

b) Los bienes. No obstante que Jesús ha hablado de la prudencia de calcular el ejército antes de iniciar una guerra contra el enemigo, ó los gastos para iniciar una edificación, en el caso del seguimiento de Cristo. Seguir al Señor es una lucha permanente, es una edificación que dura toda la vida, pero la exigencia es la radicalidad.

Toda persona, con todo lo que es, sabe y tiene, para toda la vida, al servicio del Señor. Renuncia y radicalidad son correspondientes. Renunciar a todo, para todo recibirlo de Él. Él a través de su Providencia guía, conduce, dona, concede la realización y otorga el éxito. Y con ello nos permite ser libres ante lo superfluo, lo inútil, lo que no es esencial, aquello de lo que pudiera prescindirse y no pasa nada.

c) La propia vida. Es renunciar a la propia vida para asumir el camino de la cruz para hacer de la cruz la propia vida. “Predico a Cristo y Cristo Crucificado” como exclama el apóstol y agrega “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”. Con la gracia del Espíritu sabremos caminar con decisión, determinación y valor nuestro propio camino de vida. Sea en la vocación del martirio cruento con y como Pedro, sea en el ofertorio incruento del amor, en el tremendo cotidiano de cada jornada como Juan. Es la sabiduría de la cruz, que vamos a alimentar cada día en la Eucaristía, luz y vida, fortaleza e inteligencia, amor y serenidad, para vivir en plenitud la única vocación-vida que Dios nos concede

La transformación de Onésimo

Se nos ofrece un buen ejemplo de intercambio de dones. Filemón había perdido un esclavo, Onésimo -que se traduce como “el que es útil”-. Encontró refugio en Pablo encarcelado porque de pagano se transformó en cristiano al contacto con el apóstol. Y aunque a este le resultaba muy útil, lo envía de nuevo con su legítimo dueño. Filemón debe de aprender a recibirlo ya no como esclavo sino como hermano, para que así pase de esclavo a colaborador en la obra apostólica.

Como en la Eucaristía que ofrecemos el pan y el vino y el Señor nos los devuelve convertidos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Actitudes en el seguimiento de Cristo

Procuremos en nuestros ideales, metas y objetivos lo siguiente:

  • 1.Constancia: Si estamos decididos a llevarla adelante con todas sus consecuencias. Lo que no se termina no es algo que quedó a la mitad, sino algo fallido; no es algo que no logró su fin, sino algo fracasado. Por ello en la “llamada-seguimiento” de Cristo, no se le puede seguir con superficialidad, sujeta a emociones o exhibicionismo, con inestabilidad cambiante, sin un compromiso consistente, constante de convicciones.
  • 2.Realismo: El Señor nos llama a una “Aventura” espiritual que debemos enfrentar con decisión y valor; que excluyen la inconsciencia, el “ay se va”, el no fijar rumbo, no tener planes, proyectos, etapas, metas. Conocer claramente los objetivos y los medios con los cuales vamos a lograrlo.
  • 3.Audacia: La audacia es fruto de la fe sólida, que se manifiesta en una esperanza inquebrantable, que conserva siempre la fortaleza de la confianza, para tener decisión y valor, en el compromiso de servicio y promoción integral del hermano y todo esto se obtiene con más oración, más adoración, reflexión, estudio, valor, sacrificio y decisión.
  • Hay que seguir alimentando valores, ideales, grandes metas a la luz del Evangelio y en la Comunión de la Iglesia.
  • 4.Seguir a Cristo cargando la propia cruz. Cristo quiere que lo sigamos y nos asimilemos a él, que se humilló, fue condenado, cargó su cruz y murió en el Calvario, “vence al mal a fuerza del bien”. Seguir a Jesús, es considerar nuestra propia cruz como la cruz de Cristo y compartir las cruces de nuestros hermanos compartiéndolas las aligeramos y somos bálsamo de caridad para el dolor fruto de la injusticia humana. Santa Edith Stein dejó escrito en su libro: “no es posible comprender la Cruz de Cristo, sin vivirla, experimentarla, sufrirla, en el propio cuerpo y en el propio espíritu”.
  • 5.Oremos, para que el Espíritu infunda en nuestros corazones, la gracia y los dones para seguir a Cristo, en la radical, generosa y gozosa experiencia de respuesta a su llamada e invitación, para ser sus discípulos en la vida, en la acción y en el corazón. Santa María de Guadalupe nos obtenga este don. Amén.

† Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
Arzobispo Emérito de Yucatán

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