'Alma en pena' aparece en la carretera de Tixpéhual

El fantasma de 'Juanito' ha sido reportado por varios pobladores del municipio.

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Imagen del cementerio de Tixpéhual, lugar donde se aperece el fantasma de 'Juanito'. (Google Maps)

Imagen del cementerio de Tixpéhual, lugar donde se aperece el fantasma de 'Juanito'. (Google Maps)

Jorge Moreno/ SIPSE
MÉRIDA, Yucatán.- Desde hace un par de meses me han reportado al menos cinco veces una presencia fantasmal en la carretera Mérida-Tixkokob, a la altura de la entrada de Tixpéual; al principio creí que podría tratarse de unas manifestaciones recurrentes que se han dado en ese sitio a raíz de la muerte de cuatro actores de circo en ese sitio, sin embargo se trata de un caso diferente.

Se trata, afirman, del alma en pena de una persona que vivió en los años sesentas en Tixpéual, era un bebedor consuetudinario de nombre “Juanito”, que en el pueblo era conocido por toda la gente; su historia es triste porque desde adolescente se dedicó a la bebida y aunque no era malo, nunca prosperó ni tuvo un trabajo fijo, de hecho nunca se casó y a sus casi cincuenta años de edad aún vivía en casa de sus padres.

Tenía trabajos esporádicos (peón de albañil y también como se diría ahora “mil usos”), pero su propio vicio por el alcohol no le permitía ser responsable o ser regular en algún oficio.

Un día ocurrió lo que ya muchos pensaban, amaneció muerto por una congestión alcohólica. Sus papás y hermanos lo velaron en su domicilio y después lo enterraron en el cementerio del pueblo.


Poca gente acudió tanto al velorio como al entierro, pues aunque era conocido por mucha gente, casi no tenía amigos, solo sus esporádicos compañeros de borrachera.

A la semana de su muerte, dos de sus compañeros fueron a verlo a su casa para ir a tomar; ellos obviamente no se enteraron que había fallecido ya que trabajaban en otro pueblo y solo los fines de semana llegaban a Tixpéual; su papá y su hermano salieron para darles la triste noticia.

Sin embargo, uno de ellos casi queda pálido de la impresión, pero no precisamente por la muerte de su amigo, sino porque afirmaba haber visto a Juanito apenas una noche antes, y hasta habían quedado de verse al día siguiente en su casa para iniciar la borrachera.

Tanto su papá como su hermano pensaron que se trataba de una broma de mal gusto, porque esa persona aseguraba haberlo visto una noche antes cuando ya se habían cumplido cuatro días de la muerte; no le dieron importancia y todo quedó así.

El sueño 

A las pocas semanas, uno de los tíos de Juanito es el que aseguró haberlo visto a las puertas del cementerio y que tenía el rostro triste; tiempo después su propia madre dice que soñó con él y le pidió que por favor le quitaran la botella que tenía en su féretro porque ya no quería seguir tomando. 

Ella platicó su sueño con su esposo y sus otros hijos y todos se extrañaron porque en primer lugar nadie metió una botella a su ataúd; por varios meses continuaron dándose estas manifestaciones paranormales principalmente en el cementerio, en donde personas que lo conocieron y hasta los que no, afirmaban ver la silueta de una persona de gorra roja (siempre usaba una de ese color) dentro del camposanto. En todo ese tiempo, el sueño de su madre se volvió recurrente y afirma que al menos en diez ocasiones al año soñaba lo mismo.

Lo sorprendente vino cinco años después, cuando falleció un tío de Juanito y decidieron enterrarlo en el mismo sitio en donde estaba éste; y como ya habían pasado los tres años reglamentarios para que saquen sus huesos y lo pongan en un osario, entonces procedieron a hacer el trámite.

Ahí estaban dos de los hermanos de Juanito, pero cuando el sepulturero abrió el ataúd para sacar los huesos, para asombro de ambos, vieron una botella de licor dentro del mismo; se pusieron a averiguar con los que habían acudido al entierro años atrás y pronto la verdad salió a flote.

Resulta que uno de los compañeros de parranda, como “homenaje” a Juanito, metió la botella al ataúd instantes antes de que el sepulturero lo cerrara y lo enterrara, afirma que lo hizo para que su amigo no estuviera sólo en el más allá y su botella de su licor favorito lo acompañe.

Sin embargo, aunque el amigo lo hizo de buena fe, pronto la familia descubrió que ese era el motivo por el cual penaba y estaba triste Juanito y que lo que soñaba su madre era en realidad el pedido de su hijo para que saquen la botella.

A partir de ese momento, las manifestaciones cesaron y la familia piensa que aunque tardó casi cinco años, Juanito por fin pudo descansar en paz; sin embargo, de unos meses a la fecha algunos familiares y conocidos ya de la tercera edad consideran que se trata de Juanito el espíritu que ven en ese tramo de la carretera por el tipo de vestimenta, similar a la que usaba, y porque en esa parte se llegó a quedar dormido en varias ocasiones y con el consiguiente peligro para su vida.

Don Anastasio Molina, de 65 años de edad, es uno de los testigos que vieron a ese “fantasma” en la carretera: “lo vi a mediados del mes de agosto, por como lo vi creo que es Juanito, mis papás lo conocieron bien, y creo que algo busca o por algún motivo se continúa apareciendo”, dijo. 

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