Martes, 6 de Diciembre del 2016
Muros de fe

Parroquia de Santa Ana, un legado histórico y religioso

Esta iglesia tiene un especial significado en la paso y presente de Mérida, donde el fervor y la cronología de la ciudad se entrelazan.

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En su atrio se encuentra un Cristo Crucificado en el centro y a sus costados las imágenes de Santa Ana, a quien está consagrada la parroquia. (Jorge Acosta/Milenio Novedades)

En su atrio se encuentra un Cristo Crucificado en el centro y a sus costados las imágenes de Santa Ana, a quien está consagrada la parroquia. (Jorge Acosta/Milenio Novedades)

Ana Hernández/Milenio Novedades
MÉRIDA, Yucatán.-  El tiempo, las restauraciones y los saqueos se llevaron mucho de la historia y del legado de la Parroquia de Santa Ana, y lo que significa para la capital yucateca.

Ubicada sobre la calle 60 por 45, la iglesia del siglo XVIII debe su construcción a don Antonio Figueroa y Silva, Lazo de la Vega, Ladrón del Niño de Guevara, quien incluso mandó plantar naranjos en el jardín que la rodea, también aplanó esa calle rumbo a la plaza principal.

Cuenta con ventanales con vitrales de colores que proporcionan luz a las capillas. Las paredes de la nave, así como los techos, están aplanados con mezcla de cal y pintados con aceite con decorados sencillos.

Este era un modesto barrio de artesanos y jornaleros de la época colonial, fue precisamente el Capitán General y entonces Gobernador de Yucatán, Antonio Figueroa, a quien según los datos históricos,  le apodaban “el manco”, el que en enero de 1729 mandó construir la iglesia sobre los restos de un basamento maya; la obra se terminó en 1733, pero Figueroa no la vio, ya que murió en la selva después de combatir a los corsarios de Belice. 


Sin embargo, los restos de Antonio Figueroa reposan en este lugar, cabe señalar que en uno de los anexos hay un pequeño “sótano” en el cual hay apilados varios osarios, algunos de ellos envueltos en bolsas de plástico así como algunos de las lápidas que estuvieron en el piso de la iglesia.

Las obras incluyeron la plazoleta y el parque actual e implicó la edificación de dos arcos: el de Santa Ana, en el cruce de las calles 60 y 47, el otro estaba en Santa Lucía, frente a la iglesia; en el siglo XIX fueron demolidos debido a que estaban en malas condiciones.

En la búsqueda de información sobre esta iglesia, investigadores han señalado que antes de su construcción, poco antes del año 1600, esta parte de la ciudad formó parte de Santa Lucía, en esa zona se cultivaban en solares frutas y hortalizas.

La construcción de la iglesia de Santa Ana “alargó” la zona habitacional de la población criolla (la población blanca) hacia el norte, llegaba hasta el parque de Santa Lucía. Cabe señalar que en la época de la colonia las clases estaban separadas y los no españoles o la clase trabajadora vivía en los barrios.

De acuerdo con la información, en 1867, en el parque de Santa Ana hubo una batalla entre las tropas imperialistas favorables a Maximiliano de Habsburgo y las republicanas que apoyaban la causa de Benito Juárez, este enfrentamiento, que fue decisivo en Yucatán, lo ganaron estos últimos comandados por el general Manuel Cepeda Peraza, quien después fue gobernador del estado.

Algunos refieren que el color original de la fachada de esta iglesia era rojo, tiene como parte de su arquitectura, una cruz de hierro y dos torres de campanario en forma piramidal a los extremos.

Tiene dos capillas, una ubicada al sur, dedicada a María Auxiliadora, que contiene también una imagen de nuestra Señora del Carmen de talla antigua y la otra está dedicada al Sagrado Corazón de Jesús.

Finalmente en su atrio cuenta con un Cristo Crucificado en el centro y a sus costados las imágenes de Santa Ana, a quien está consagrada la parroquia.

La iglesia de Santa Ana “enlaza” su barrio con el Paseo de Montejo, la zona vial emblemática de Mérida.

Homenaje a su constructor

A un costado de la fachada principal hay una placa de piedra escrita en el antiguo castellano, en la que se indica que en esa iglesia reposan los restos de su constructor, Antonio Figueroa y Silva.

Juan Federico Maximiliano Waldeck -Barón de Waldeck- en su visita a Mérida, en 1834, citó que en esa época la ciudad tenía 37 mil 801 habitantes, de los cuales tres mil 984 vivían en el suburbio de Santa Ana.

En la parte superior de su muro frontal está grabada la frase en latín Verbum caro factum est et havitavit in nobis, que significa “La palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”.

A  principios del siglo XX se estableció una panadería que fue famosa por sus barras de pan bien conocido en Yucatán hasta la fecha como pan francés.

Los dueños que mantuvieron la operación del negocio hasta entrados los años de 1940, fueron dos hermanos de origen catalán de apellido Llano.

El dato
  • La iglesia fue consagrada como parroquia en 1733 por el obispo de la diócesis Dr. Juan Ignacio María de Castorena Ursúa y Goyeneche.

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