Para sumergirse entre el agua y la belleza de la ruta de Lepán

Se puede recorrer la antigua hacienda henequenera donde “aparecen” fantasmas, hacer sendero de bicicleta o disfrutar del cenote.

ENVÍA
  • Compartir por whatsapp
Cenote de Ch’a Chaac, en Lepán, comisaría del municipio de Tecoh. (Fotos: José Acosta/SIPSE)

Cenote de Ch’a Chaac, en Lepán, comisaría del municipio de Tecoh. (Fotos: José Acosta/SIPSE)

Candelario Robles/Milenio Novedades
MÉRIDA, Yuc.- Hacer el recorrido de la ruta Lepán es visitar una antigua hacienda henequenera donde “aparecen” fantasmas, hacer sendero de bicicleta por cinco kilómetros, asistir al templo de Antonio y visitar el enorme cenote de Ch’a Chaac de aguas cristalinas.

La recomendación es salir muy temprano de Mérida para llegar a la puesta de sol que se observa esplendorosa desde la antigua desfibradora de henequén, ubicada en el corazón de la comunidad de Lepán, comisaría del municipio de Tecoh.

A sólo 45 minutos de la capital yucateca, la vieja hacienda henequenera guarda vestigios de lo que fue la imponente industria del “oro verde”; ahí el tiempo parece que se detuvo en los viejos cascos y la pesada maquinaria de lo que fue una impresionante fábrica transformadora del henequén.


En la vieja construcción se observan aves silvestres que anidan en sus elevados techos de más de ocho metros de alto, las enormes vigas que todavía soportan las tejas ahora son refugio para los nidos de cenzontles, palomas y pájaros carpinteros.

Las historias alrededor de este enorme edificio de inicios del siglo pasado son innumerables, desde cómo de manera heroica los ejidatarios evitaron que la antigua desfibradora fuera saqueada, hasta las apariciones fantasmagóricas que muchos vecinos aseguran haber atestiguado.

Para el rescate y promoción de esta zona de Yucatán, un grupo de ejidatarios fundaron la “Cooperativa Circuitos Ecoturísticos de Lepán”, en donde se ofrecen recorridos en bicicleta desde la antigua hacienda hasta el cenote, además de la renta de coloridos triciclos para completar la ruta por un sendero empedrado.

Llegar al cenote de Ch’a Chaac de aguas cristalinas y frescas es una experiencia única, ya que la boca de la entrada está enmarcada por estalactitas y estalagmitas con figuras caprichosas esculpidas por el agua en su constante choque con las piedras.

Al interior del cenote se llega por una enorme escalera de madera reforzada con tornillos forjados en hierro, que le agregan un toque especial como mueble de las fincas antiguas.

La profundidad de este ojo de agua es de seis metros en su punto más hondo y de un metro en la zona más baja, incluso los pobladores le hicieron como un pequeño chapoteadero de piedras para los más chiquitines que visitan con su familia este hermoso paradero turístico. 

DEJA UN COMENTARIO:

Tu E-Mail no será mostrado.
Lee nuestras políticas de comentarios,
políticas de privacidad y términos y condiciones.