Miércoles, 28 de Septiembre del 2016

La historia de la Unión Europea, paso a paso

El organismo en un principio, en 1957, solo contaba con seis miembros, pero luego de un largo periodo con 15, el club se amplió a 28.

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Adhesión cronológica de naciones a la Unión Europea. (Notimex)

Adhesión cronológica de naciones a la Unión Europea. (Notimex)

Agencias
BRUSELAS, Bélgica.-  Desde su creación en 1957, la Unión Europea (UE) ha vivido siete ciclos de ampliación, ha pasado de seis a 28 miembros y se ha convertido en el mayor mercado único del mundo.

A la incorporación de Reino Unido, Irlanda y Dinamarca, en 1973, se sucedieron las de Grecia, en 1981, España y Portugal, en 1986, y Austria, Finlandia y Suecia, en 1995.

Pero las más importantes ocurrieron en 2004 y 2007, con la adhesión de 10 países del antiguo bloque comunista y de las islas mediterráneas de Chipre y Malta, lo que marcaría la reunificación de una Europa dividida por décadas de Guerra Fría, a costa de profundos cambios en la mancomunidad, informa Notimex.

Después de esos dos ciclos de ampliación, la UE sólo volvería a abrir sus puerta una única vez, en 2013, para Croacia.


Tras la caída del Muro de Berlín, en 1989, y el colapso de la Unión Soviética, Estados Unidos presionó a la UE para tender la mano a los antiguos miembros del bloque comunista.

Los entonces 15 socios europeos se resistían a agrandar el club por miedo de entorpecer los procesos de toma de decisión y perder en eficiencia.

En la balanza

Tampoco les complacía la idea de acoger un grupo de países que representaba casi 20 por ciento de la población total de la UE, pero sólo 5.0 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB).

No obstante, el temor de que el fin de los regímenes opresores en esos países diera lugar a conflictos y a una mayor inestabilidad en la región, a puertas de Europa, fue mayor.

La promesa de integración europea ayudó a consolidar la democracia en República Checa, Eslovaquia, Polonia, Estonia, Hungría, Eslovenia, Letonia y Lituania, que integrarían la mancomunidad en 2004, junto con Malta y Chipre, así como ocurrió en Rumania y Bulgaria, acogidas en el bloque en 2007.

Al celebrar los 10 años de la mayor ampliación europea, en 2014, el entonces presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durao Barroso, señaló que la decisión envió a los países del antiguo bloque comunista “una señal de esperanza en un futuro mejor”.

“Fue una manera de ancorar la democracia, la libertad, y el estado de derecho para miles de personas que antes estaban viviendo por detrás de la cortina de hierro”, afirmó.

Desigualdad y compensación

En contrapartida, la incorporación de 2004 aumentó 20 por ciento la brecha en el reparto de ingresos entre los ahora 25 países de la mancomunidad, un impacto dos veces más importante que el causado por la adhesión de Grecia, España y Portugal.

Solo el proceso de ampliación en sí mismo, incluyendo las inversiones necesarias para adaptar las infraestructuras y administraciones de los futuros miembros a los criterios europeos, costó a la UE el equivalente a dos Plan Marshall, de acuerdo con documentos de la fundación Konrad-Adenauer-Stiftung (KAS).

Barroso sostiene que el costo financiero fue compensado por el “dinamismo” de la economía de los nuevos miembros europeos, que permitió la creación de tres millones de empleos entre 2002 y 2008.

Los recién integrados tuvieron que respectar un periodo de transición antes de que sus trabajadores pudieran buscar oportunidades en los antiguos países de la mancomunidad, a fin de no saturar esos mercados laborales.

Su incorporación “convirtió a la UE en el mayor mercado único del mundo”, casi dobló su número de miembros y de consumidores, “contribuyó para el crecimiento económico y fortaleció aún más el peso de Europa a nivel global”, argumentó.

Las exportaciones alemanas y británicas doblaron de volumen, así como las inversiones directas extranjeras en el conjunto de la UE, que alcanzaron 30.5 por ciento del PIB en 2012.

Una década más tarde, las crisis económica y migratoria remplazaron la euforia inicial y partidos populistas y conservadores volvieron al poder en Europa del este.

Nuevos obstáculos

La promulgación de reformas totalitarias por los actuales gobiernos de Polonia y Hungría y los sucesivos escándalos de corrupción en Rumania y Bulgaria han reavivado la brecha política entre los miembros del este y los fundadores de la UE en los últimos años.

En los miembros más antiguos, las críticas de que los países de 2004 y 2007 no estaban realmente listos para integrar la mancomunidad son compartidas por partidos tanto pro como anti-europeos, lo que llevó la CE a endurecer los criterios para futuras adhesiones desde 2015.

Al asumir la presidencia del Ejecutivo, en noviembre de 2014, Jean-Claude Juncker avisó que no habrá nuevas ampliaciones hasta el fin de su mandato, como mínimo en 2019.

En la actualidad, tres negociaciones de adhesión están en curso, con Turquía, Serbia y Montenegro, mientras que Albania y Macedonia aguardan el inicio de sus respectivos procedimientos.

Por otra parte, Islandia desistió de su candidatura en marzo de 2015 y Noruega rechazó hacer parte de la UE por dos veces, en referendos realizados en 1972 y 1994.

Ambos países, así como Liechtenstein, son miembros del Espacio Económico Europeo, que implica la aceptación de los cuatro principios de libre circulación: de bienes, capitales, servicios y personas.

Caso extraodinario

El Reino Unido decidió en un referendo realizado el pasado mes de junio salir de la comunidad de naciones y tomar un rumbo distinto, lo que se ha convertido en tema de análisis tanto dentro de Europa como en otros continentes por las consecuencias de toda índole que la decisión tendrá.

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