Carlos Rubio/ Agencia Reforma
MADRID, España.- Los escritores mexicanos Juan Villoro y Guillermo Arriaga defendieron la libertad de expresión ante los problemas de censura que está padeciendo la adaptación cinematográfica de la novela "Memoria de Mis Putas Tristes", de Gabriel García Márquez, que pretenden llevar al cine los realizadores Henning Carlsen y Ricardo del Río.
El proyecto ha sido demandado judicialmente por la Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe por considerar que glorifica la pedofilia, la esclavitud y la prostitución infantil, lo que ha provocado la paralización de su rodaje y la cancelación del apoyo que el Gobierno de Puebla le había concedido.
"Hay que tener mucho cuidado en interpretar el arte como un manual de conducta y comportamiento", afirmó Villoro, quien está en Madrid para participar en el Festival Vivamérica.
"Si uno piensa en 'Hamlet', no se trata de una obra para matar padrastros. Ha habido otras grandes historias como 'Lolita', de Vladimir Nabokov, que trata justamente del amor de un hombre mayor por una nínfula, una preadolescente, y esto no se trata de un libro de superación personal para que toda la gente ame a una chica de 13 años, sino que se trata de representar un problema y hacer una historia de amor que, en cierta forma, es torcido y perverso".
Además, Villoro calificó el asunto de moralista.
"Ciertamente, la pedofilia es uno de los grandes problemas contemporáneos, y en México es muy grave la situación. En ese sentido, el Gobierno de Puebla hace bien en estar atento al tema, porque ha sido cómplice de la pedofilia, y en el caso de la persecución a la periodista Lydia Cacho, lo pudimos ver.
"Así que yo creo que por la mala conciencia que tiene el Gobernador, Mario Marín, está pagando el cine y el arte mexicano al impedirse que se haga una película que seguramente sería muy interesante como forma de discusión, ya que la novela, que conozco, no son unas instrucciones de uso para la pedofilia, sino el reflejo de una situación en toda su hondura y complejidad", expresó Villoro.
Por su parte, Arriaga, también de visita en Madrid, consideró que toda obra de arte también está sujeta al sentido político que pueda tener.
"Siempre estoy de acuerdo en que se defienda sin cortapisas la libertad de expresión; pero también hay que reconocer que el cine afecta sensibilidades políticas y sociales, y, sobre todo, que esta película vaya a ser filmada en un Estado donde hubo un caso serio, me parece que era difícil hacerlo", declaró el escritor.
El también director puntualizó que entiende a la productora en su afán de llevar al cine la obra de García Márquez.
"Repito: creo que la película se tiene que hacer con toda la libertad de expresión, pero hay que reconocer también que las libertades de expresión a veces rebasan los límites de la sensibilidad política", recalcó.








