22 de Agosto de 2017

Opinión QRoo

Lo que apunta al proceso 2018

En Quintana Roo mucho se ha comparado desde hace buen tiempo la situación de los partidos políticos y los candidatos que salen al ruedo...

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En Quintana Roo mucho se ha comparado desde hace buen tiempo la situación de los partidos políticos y los candidatos que salen al ruedo a la hora de los comicios electorales en cuanto al hecho de toda la tensión que se viene acumulando es para creer o no en ellos.

Y ese símil parece que está encontrando su plena justificación en estos días de exordio al proceso 2018, cuando la ciudadanía se ha volcado a protestar en contra de las incontables penurias que padece, mientras ya algunos se mueven para ser vistos como posibles contendores.

Sin embargo, la reacción de quienes hoy asoman al siguiente proceso, por venir y están muy lejos de la primordial importancia como es escuchar las demandas ciudadanas, hacen exactamente lo contrario, sólo esperan el campanazo de arranque.

El año entrante dirimirán las curules federales por Quintana Roo, cuatro en San Lázaro, dos en el Senado y la principal contienda para ver quién ocupará la residencia oficial de Los Pinos.

Además se elegirán las once presidencias municipales, con la connotación que estás van con un sorpresivo adendum de reelección a fuerza de excusas endebles que a nadie convencen. Profanando el resabio que dictaba… “sufragio efectivo no reelección”.

Haciendo un paréntesis en el tiempo, a siete meses que llevan en el cargo, alcaldes y alcaldesas apuntan a reelegirse en el cargo con tan importante agregado en el nuevo proceso electoral, Luis Torres Llanes en OPB y, en el feudo del “niño verde”, Cancún, BJ, Remberto Estrada Barba. Laura Lyn Fernández Piña, en Puerto Morelos y, en veremos, Cristina Torres Gómez en Solidaridad. En los demás el ciclo llegará a su fin.

Parecieran no tener idea qué es la democracia, algunos creen que el poder es su propiedad y no una encomienda entregada por los ciudadanos a través del voto que, por todo ello, se tiene derecho a exigir cuentas a los partidos y a los candidatos que se les dio la confianza en las urnas.

La realidad es que algunos lo han hecho muy mal, y que el pueblo –Vox Dei–, como empleador de tan malos que resultaron en el cargo, tiene derecho a despedirlos por las vías democráticas. Y la razón es que los ciudadanos cada vez están menos del lado de los partidos políticos, sean grandes, sean chiquillos.

Lo que sigue es una avasallante continuidad de cosas que derivan en otras y así de manera ininterrumpida, porque en las dinámicas de los políticos no existe el vacío ni las cosas dejan de moverse. Y ahí van, aun con el llano en llamas que dejan atrás.

Es en ese accionar del movimiento democrático, en silencio, ese silencio que, como en la música, tiene valor, ritmo y compás, es donde hace su aparición el ciudadano y la potencial posibilidad de revertir con el sufragio el curso de la tendencia de la vida de los políticos.

Luego de varias décadas de confrontación entre partidos, el balance es como una tragicomedia. Se cayó en el juego de ser puestos en escena los sueños guajiros que solo conducen al hartazgo.

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