En bocas palabras
Equilibrios rotos
Rubio empieza diciendo que cuando en 1688 el rey Jacobo II decidió hacer caso omiso de las leyes del parlamento, fue inmediatamente depuesto, dando a luz la democracia inglesa moderna y su carta de derechos ciudadanos. Esa revolución también hizo patente la esencia del funcionamiento de un sistema político y su principal garantía de estabilidad: los pesos y contrapesos.
Si algún político o grupo de interés abusa, lo hace porque puede: si hubiera contrapesos efectivos no podría. Los contrapesos son la esencia de un sistema democrático de división de poderes. Su existencia implica que cada uno de los poderes públicos y niveles de gobierno tiene atribuciones limitadas y depende de los otros para poder funcionar. Ninguno es eficaz por sí mismo, pero todos funcionan en conjunto: cuando todas las partes -congreso, presidencia, poder judicial, estados y municipios- reconocen sus limitaciones y dependencia mutua, el sistema logra una capacidad de operación armónica.
En México tenemos muchos poderes con capacidad de obstrucción pero casi ninguno con verdaderos equilibrios. Y de esto hay que seguir comentando.
Aunque se daban equilibrios de facto que impedían los peores excesos, o al menos los corregían después de consumado el hecho, el sistema político priista nunca se caracterizó por los pesos y contrapesos.
El concepto era ininteligible para una estructura fundamentada en la centralización del poder y en la capacidad de control e imposición. De haberlos habido, quizá hubiéramos observado una transición más tersa: como en la Roma imperial, los excesos del sistema -desde la represión estudiantil hasta las crisis económicas y la corrupción- se convirtieron en elementos propiciadores del colapso porque nunca existieron, como en la Inglaterra del siglo XVII, factores de equilibrio que impidieran los excesos y el abuso.
A partir del 2000 entramos en otra etapa del desarrollo nacional, en la cual acabamos en el peor de los mundos: sin controles, sin equilibrios y sin contrapesos. Son pocas las naciones que logran una transición hacia la democracia sin convulsiones. Impresiona observar a las pocas que lo han logrado de manera casi imperceptible, pero lo común es lo contrario: se desarticulan los viejos mecanismos de control que, mal que bien, permitían alguna funcionalidad, pero no se desarrollan pesos y contrapesos democráticos. (Lea más de este y otros temas en www.enbocaspalabras.com.mx).
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