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Miércoles, 26 de Octubre de 2011.
SIPSE.COM Novedades de Quintana Roo Opinión En bocas palabras

En bocas palabras
Equilibrios rotos

Luis Rubio, presidente del Centro de Investigación para el Desarrollo (Cidac), una institución independiente dedicada a la investigación en temas de economía y política en México, reflexiona en la revista América Economía acerca de lo que sucede en nuestro país, en donde parece que los políticos no desean ponerse de acuerdo a fin de conseguir la buena marcha de México. Y eso situación se debe a que no están funcionando los equilibrios.

Rubio empieza diciendo que cuando en 1688 el rey Jacobo II decidió hacer caso omiso de las leyes del parlamento, fue inmediatamente depuesto, dando a luz la democracia inglesa moderna y su carta de derechos ciudadanos. Esa revolución también hizo patente la esencia del funcionamiento de un sistema político y su principal garantía de estabilidad: los pesos y contrapesos.

Si algún político o grupo de interés abusa, lo hace porque puede: si hubiera contrapesos efectivos no podría. Los contrapesos son la esencia de un sistema democrático de división de poderes. Su existencia implica que cada uno de los poderes públicos y niveles de gobierno tiene atribuciones limitadas y depende de los otros para poder funcionar. Ninguno es eficaz por sí mismo, pero todos funcionan en conjunto: cuando todas las partes -congreso, presidencia, poder judicial, estados y municipios- reconocen sus limitaciones y dependencia mutua, el sistema logra una capacidad de operación armónica.

En México tenemos muchos poderes con capacidad de obstrucción pero casi ninguno con verdaderos equilibrios. Y de esto hay que seguir comentando.

Aunque se daban equilibrios de facto que impedían los peores excesos, o al menos los corregían después de consumado el hecho, el sistema político priista nunca se caracterizó por los pesos y contrapesos.

El concepto era ininteligible para una estructura fundamentada en la centralización del poder y en la capacidad de control e imposición. De haberlos habido, quizá hubiéramos observado una transición más tersa: como en la Roma imperial, los excesos del sistema -desde la represión estudiantil hasta las crisis económicas y la corrupción- se convirtieron en elementos propiciadores del colapso porque nunca existieron, como en la Inglaterra del siglo XVII, factores de equilibrio que impidieran los excesos y el abuso.

A partir del 2000 entramos en otra etapa del desarrollo nacional, en la cual acabamos en el peor de los mundos: sin controles, sin equilibrios y sin contrapesos. Son pocas las naciones que logran una transición hacia la democracia sin convulsiones. Impresiona observar a las pocas que lo han logrado de manera casi imperceptible, pero lo común es lo contrario: se desarticulan los viejos mecanismos de control que, mal que bien, permitían alguna funcionalidad, pero no se desarrollan pesos y contrapesos democráticos. (Lea más de este y otros temas en www.enbocaspalabras.com.mx).

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