Al igual que millones de sospechosistas, supuse que las elecciones panistas iban a tener sólo una ruta: la güeva. Y aunque este ingrediente común a todo lo que huele a blanquiazul se presentó sin ninguna duda, cabe reconocer que las autoridades de Acción Nacional buscaron la manera de hacer que este espectáculo de las votaciones pudieran competir de alguna manera contra el Super Bowl y toda esa bola de malinchistas que prefirieron a Gigantes y Patriotas en vez del menage-a-trois de Chepina, Santi y Cordero.
Como si los hubieran asesorado Los Chuchos del chuchinero, acudido a la asesoría de operadores de la feria del ratón loco, el embarazo de urnas y rentado los servicios del circo de mapaches amaestrados del PRI, así como de la Asociación de Acarreados para Toda Ocasión, los organizadores de Acción Nacional consiguieron un espectáculo medianamente atractivo que tuvo su clímax cuando a la esposa de Santiago Creel no la dejaron votar, o Jelipillo Calderón pasó a depositar su sufragio luego de echarse una barbacoa (el IFE no supo interpretar si el gesto fue a favor o contra Cordero, pero ya había quien exigía que se fumara un churro para equilibrar con la Vázquez Mota), o se acusaban entre Chepina y Mr. Bean para ver quién era más tramposo, sino cuando el ex presichente Fox aseguró que Martita no votó porque "la habían tratado muy mal". ¡Ayyy, mi viiidooo!
Quisieron competir con Madonna, pero la Chica material traía un numerazo superior que acabó con el montaje de los panuchos. No obstante la multiplicación de las filtraciones (que si Chepina ya celebraba después de una supuesta llamada de Calderón, mientras en el cuartel de Creel estaban más interesados en la épica batalla de Manning-Brady, y Cordero se persignaba a la salud de Vicente Calderón), el melodrama ranchero de Santi aceptando su derrota y la alucinante proliferación de notas sobre la alquimia electoral de altísimo nivel que exhibieron, no pudieron competir con la Reina del pop ofreciendo misa en el Supertazón.
Y para colmo, cuando se declara ganadora a la Chepina, a nadie le importó realmente porque en ese momento se armaba la última ofensiva de los Patriotas en un ejercicio de angustia poblado de azoros. A quién le podía importar lo de la Vázquechutas (salvo a José Espina, el encargado de las elecciones, que cada vez que aparecía para minimizar el sinfín de irregularidades, parecía Bartlett explicando la caída del sistema), cuando los Gigantes se coronaban en un prodigio de sacrificio y estrategia.
Ahora Chepina tratará de ser la chica material de la operación cicatriz con un Mr. Bean sin fuero.
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