Los aliados de hecho de Trump

Momentos después, de su visita a México, el candidato estadounidense reiteró, burlándose de la posición presidencial, que los mexicanos pagaremos el muro: 'aunque todavía no lo saben'.

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En política, los intereses que los individuos sirven no son necesariamente los que dicen servir e incluso no son los que creen servir. No sé realmente en cuál de los dos casos se encuentre el presidente Peña; pero lo cierto es que la reunión que increíblemente promovió con Donald Trump invitándolo a Los Pinos no ayuda a su maltrecha imagen como presidente, desde luego no ayuda a los priistas que sí estarán en las boletas electorales en 2018, pero sí presta un apoyo invaluable a la campaña del racista.

Como ningún otro candidato presidencial norteamericano en tiempos modernos, el republicano amigo de los negocios turbios ha hecho de sus ataques a los mexicanos el eje de una campaña de odio que calcula lo llevará a la Casa Blanca.

Su beligerancia ha sido tal que notables republicanos se han deslindado de su candidatura y hasta ofrecido su apoyo a Hillary Clinton.

A contrapelo, el jefe de Estado mexicano le ofreció la casa presidencial como escenario para repetir, desde la capital de la República -que ese mismo día declaró a Trump persona non grata- sus argumentos centrales: México es fuente de crimen y droga para los E.U., por lo que levantará un muro fronterizo.

Fue recibido como jefe de Estado y se le entregó la conducción de la conferencia de prensa posterior al encuentro, al grado de que fue él quien le dio la palabra a Peña.

A su electorado, el republicano le demostró que no sólo sostiene sus postulados xenófobos en frente del propio presidente mexicano, sino que además éste los recibe con docilidad.

Momentos después, ya en Arizona, Trump reiteró, burlándose de la posición presidencial, que los mexicanos pagaremos el muro, “aunque todavía no lo saben”.

Invitar a este individuo a Los Pinos fue un acto absolutamente innecesario. Si el infortunio, con la colaboración de Peña, hace al millonario presidente de los Estados Unidos, ese será el momento de tratar con él, no antes.

Y en ese momento, igual que ahora, es exigible al jefe del Estado mexicano hacerlo con la firmeza que exige la defensa de nuestros nacionales, especialmente de los once millones que viven sin papeles al norte de la frontera y que están directamente amenazados por Trump.

La idea de que portarse complacientes con los poderosos vecinos nos granjeará su favor es despreciable, tanto por abyecta como por inútil.

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