Miércoles, 7 de Diciembre del 2016

Alimentación

Compremos productos locales, lo cual apoyará a los negocios de la ciudad...

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El domingo 16 de octubre se celebró el Día Mundial de la Alimentación, cuyo tema fue “El clima está cambiando. La alimentación y la agricultura también”; este día representa de manera obligada para todos los que trabajamos en políticas públicas en alimentación y nutrición un momento de reflexión y acción sobre la existencia de seguridad alimentaria  en nuestra región; entendiendo como la seguridad alimentaria “cuando todas las personas tienen acceso físico, social y económico permanente a alimentos seguros, nutritivos y en cantidad suficiente para satisfacer sus requerimientos nutricionales y preferencias alimentarias, y así poder llevar una vida activa y saludable”.

Existen factores que están reduciendo la seguridad alimentaria para las comunidades más vulnerables como: la disminución de la calidad del agua, el desperdicio impío de alimentos, la ganadería irresponsable, la tala indiscriminada de bosques, la pesca desmedida; todos estos, factores que favorecen igual que otros al cambio climático. 

Siempre los más vulnerables, los más pobres, los callados, porque, aunque griten, nadie los escucha, son los que sostienen la carga social, económica, ambiental y alimentaria de quienes se llevan la mayor parte de las ganancias económicas. Para ello nuestros esfuerzos deben orientarse al apoyo directo de estos grupos vulnerables, volvernos más resilientes, productivos y sostenibles con el fin de garantizar el bienestar de los ecosistemas y de la población rural y reducir los efectos del calentamiento global.

¿Cómo lograrlo? Cultivando alimentos de manera sostenible, a través de tecnología y prácticas que busquen hacer producir más con menos superficie la tierra y usar los recursos naturales de forma razonable, invertir de nuevo en el desarrollo rural con programas públicos para apoyar a los pequeños productores, pero bajo esquemas transparentes de evaluación y rendición de cuentas. La sostenibilidad igualmente incluye reducir la pérdida de alimentos: en el mundo un tercio de los alimentos producidos se va a la basura, no porque no haya quien los consuma, sino porque sus recursos económicos son limitados y no los pueden adquirir.

Pero no todo es responsabilidad gubernamental, también nosotros podemos contribuir a disminuir el cambio climático, y colaborar a la seguridad alimentaria, a través de acciones como comprar únicamente los alimentos que necesitamos; para ello debemos planificar nuestras comidas, hacer una lista de la compra es la mejor estrategia y atenernos a ella y evitar compras compulsivas, así ahorraremos un poco de dinero. Almacenemos los alimentos de forma adecuada, el sistema de primeras entradas, primeras salidas, colocando los alimentos más antiguos adelante y los nuevos en la parte posterior.

Compremos productos locales, lo cual apoyará a los negocios de la ciudad, y reducirá la huella ecológica evitando que los camiones circulen largas distancias.

Pequeños cambios, realizados por gran cantidad de personas, producen efectos para todos, contribuyendo a tener un mundo sin hambre.

Eduardo Alvizo Perera
Licenciatura en Nutrición y Maestría en Gobierno y Políticas Públicas por la Uady. Profesor de las Universidades del Valle de México y del Valle de Grijalva.
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