Federico Berrueto
Juego de espejos

Ebrard se va, llega Mancera

Mejor suerte la de Miguel Ángel Mancera. Es el primer jefe de Gobierno del DF que no viene de partido ni tiene otro compromiso que cumplir.

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Mala suerte la de Ebrard, los incidentes del sábado le echaron a perder su despedida. El descuido y la omisión en la que incurrió han sido castigados por un sector de opinión. El día fatídico salió tarde y mal. Su inteligencia le dictaba que el daño no solo era a la propiedad ajena, también a su despedida. La inauguración de obras importantes se eclipsaba por el tema de la violencia en el centro del DF. Hereda a su sucesor el proceso judicial a los vándalos.

Mejor suerte la de Miguel Ángel Mancera. Es el primer jefe de Gobierno del DF que no viene de partido ni tiene otro compromiso que cumplir. Ebrard ha militado y ha sido candidato lo mismo en el PRI, PVEM, Centro Democrático, PRD y gestionó su candidatura entre muchos panistas buscando ser su favorito en la elección presidencial. Por su parte, Mancera, sin carnet perredista, pero con reconocimiento profesional ganó la candidatura a reconocidos competidores y en la elección obtuvo más votos que AMLO. Fue buen procurador y mejor candidato.

En perspectiva, el mejor candidato presidencial que puede tener la izquierda para 2018 es quien llega a gobernar la Ciudad de México. No es tarea fácil. López Obrador y Ebrard lo hicieron bien y la vara no es baja. Mancera los puede superar, pero para ello requiere mantener a raya al lopezobradorismo y al sofisticado malabarismo de Ebrard. Para gobernar, Mancera tiene que ser él y actuar con habilidad e inteligencia política. Hacer las concesiones estrictamente indispensables. No confrontarse con unos ni otros, pero tampoco ceder. Su mejor argumento será que si la izquierda quiere ganar el poder nacional, él y no otro es el indicado.

Mancera requerirá apoyo del presidente Peña Nieto. Los buenos oficios y modos de los mexiquenses apuntan hacia una buena y constructiva relación. En todo caso los problemas están en casa. Su desafío no es menor, no solo por las dificultades propias de la Ciudad de México, sino por la olla de grillos que de siempre ha sido la capital. Por lo pronto sus designados deben entender que él es el jefe, para que no le suceda lo que a Ebrard con Martí Batres. El poder no se comparte. La tolerancia auténtica es atributo de los fuertes no de los débiles.

Twitter: @berrueto

 

Federico Berrueto
Articulista y politólogo. Columnista en Milenio Diario.
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