23 de Junio de 2017

Opinión

El motel demodé

El año pasado llamó la atención la polémica relacionada al libro de Gay Talese, “El motel del voyeur”.

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El año pasado llamó la atención la polémica relacionada al libro de Gay Talese, “El motel del voyeur”. Huelga decir que causó curiosidad leerlo y entender por qué tanto escándalo sobre la protección de fuentes y aparente permisividad del autor para con su singular personaje. 

La semana pasada terminamos de leer el libro, y la verdad es que no fue tan emocionante como pensamos que sería, o al menos, no entendimos por qué tanto escándalo entre los gringos. En sí, la obra es la compilación de las notas de Gerald Foos, quien durante décadas espió a los huéspedes de sus moteles y sus costumbres sexuales, sin que fuera descubierto. 

La premisa del libro sobre un “mirón” con suerte y principios (pues Foos jamás extorsionó a las personas, a quienes miraba con curiosidad, digamos, “antropológica) no llamaba tanto la atención, sino el debate que supuestamente creó entre las buenas conciencias y mojigatería estadounidense. Se esperaba que el libro contará un poco más sobre eso, y no tanto sobre las observaciones de Gerald, que si bien son claras y respetuosas de la privacidad (en lo que cabe para un “vouyerista”), lo cierto es que no parecen tan escandalosas.

El autor pensó en algo parecido. En sus apuntes finales, afirma que lo que Foos realizó, en su tiempo sí hubiera representado una afrenta a la conciencia moral social, pero hoy, no es más que un hecho pasado de moda. 

Sobre el libro en sí mismo, las partes en las que Talese narra la historia del “voyeur” y sus peripecias para acondicionar su motel y otros detalles, están preciosamente narrados como se puede esperar del autor, pero cuando reproduce las observaciones y notas del mirón, la verdad es que es insufriblemente aburrido, y la razón de esto la encontramos en nuestra relación con la privacidad e incapacidad para sorprendernos. El mismo Talese concluye su libro afirmando que, si bien sorprende como Foos se libró de problemas, la invasión de la privacidad que realizó no significa nada en nuestros tiempos, porque la ficción de internet es mucho más interesante y peligrosa.

En los últimos capítulos del libro, Gay Talese y Geral Foos charlan sobre el mundo actual, al menos en Estados Unidos: la vigilancia y paranoia del Departamento de Seguridad Nacional, misma que bien puede extrapolarse hacia nuestra sobreexposición en las redes sociales e internet. Para el autor, resulta curioso que el “voyeur” pusiera tantos reparos a las cámaras de seguridad, al grado de contarlas donde quiera que fuera. Foos contestó que, a diferencia de su fisgoneo en los moteles, el gobierno gringo utiliza la vigilancia para la extorsión, para buscar culpables y poner en riesgo la privacidad de los ciudadanos; y él nunca se aprovechó de sus clientes, ni los exhibió. 

Resalta la tranquilidad con que el tema se toca respecto a internet, pero es fácil de explicar. ¿Por qué no espanta a los usuarios el acto de Gerald Foos? Porque en la web, todos somos un “voyeur” en potencia: encontramos satisfacción al indagar sobre otros usuarios y revisar sus “timeline” en busca de algo que sirva a nuestro propósito, sea bueno o malo. Y del otro lado, no nos escandaliza porque somos los primeros en exhibirnos en las redes sociales; nuestra vida, imágenes, logros y fracasos, son tanto o más públicos que una noticia publicada en los diarios. En la web, todos somos exhibicionistas o “vouyeristas” en potencia, y lo peor es que nos gusta. 

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