20 de Agosto de 2017

Opinión

Encontrar la verdad: dos años de Ayotzinapa

Encontrar a sus hijos, hallar la verdad, son los móviles de esas familias heridas; los hallazgos de una son la esperanza de las otras.

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El lunes 26 de septiembre se cumplió el segundo año de la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural 'Raúl Isidro Burgos'. Que las detenciones, que las teorías sobre posibles responsables, que la investigación fallida, que ya  no están vivos y no tiene caso que los familiares continúen la búsqueda; de todo ha salido de las bocas ásperas, así como en prensa no faltaron las opiniones alrededor de esa 'verdad histórica' ahora refutada. Sólo existe una certeza: no sabemos todavía dónde están los normalistas. ¿Cuáles fueron las razones de sus desapariciones? Sólo la respuesta articularía cualquier investigación o 'verdad' declarada, esas palabras también ausentes son lo que dan sentido a la vida de las madres y padres que quedaron mutilados tras la noche de Iguala.

Es el mismo motivo de la existencia de las asociaciones como las Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas de Plaza de Mayo, cuyas búsquedas de sus hijas y nietos no se detuvieron frente a las palabras dolorosas de algunos, ante el tiempo que amenaza con sepultar una herida no cerrada. La verdad es el fin de esa búsqueda.

En 2014, el mismo año de los dolorosos hechos en Guerrero, Estela de Carlotto, la presidenta de dicha asociación de abuelas que buscan a sus desaparecidos durante la dictadura militar argentina, charló públicamente con las madres y padres de los estudiantes de Ayotzinapa. Entre sus declaraciones, que se pueden leer en el reportaje de la periodista Angélica Jocelyn Soto, hay una que resume la importancia de esa reunión:

'Mi nieto le fue robado a mi hija Laura para matarla a ella dos meses después; lo busqué por el mundo por 36 años y hace tres meses lo he encontrado. A luchar porque se puede'.

Encontrar a sus hijos, hallar la verdad, son los móviles de esas familias heridas. Los hallazgos de una son la esperanza de las otras. La tangibilidad de los cuerpos y las palabras toma el mismo peso. Aquella reunión de las abuelas de desaparecidos con los familiares de los normalistas, ese ejemplo de lucha, dio el valor suficiente para que hasta hoy no se detenga la averiguación por mano propia, aunque los meses sigan corriendo y la indiferencia crezca en gran parte de la sociedad después de dos años. 

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