Explorando nuestro mundo interior

El miedo es una emoción sana y útil, pues nos pone en guardia contra un peligro inminente, por lo que sirve al bienestar y a la supervivencia.

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El ser humano (tú y yo) no sólo estamos amenazados por sucesos exteriores sino por las fuerzas que interactúan en nosotros mismos.- Ana Freud, psicoanalista

El miedo, como tal, es una emoción sana y útil, pues nos pone en guardia contra un peligro inminente, por lo que sirve al bienestar y a la supervivencia; somos vulnerables, frágiles y sujetos al peligro, y es normal sentir miedo. A veces el ser humano en momentos de locura no valora el peligro creyéndose omnipotente. La persona consciente sabe que es vulnerable y se protege de los riesgos de la vida; presta atención a sus propios miedos. 

Sin embargo, no siempre los miedos son justificados. Hay quienes temen exageradamente las realidades que juzgan peligrosas, aunque no lo sean. Por ejemplo: miedo a los perros, a los ratones, a espacios abiertos o cerrados, viajar en avión o a dormir en la oscuridad porque imaginan, siempre, un riesgo eventual. Estos miedos incontrolables tienen su origen en algunas experiencias infantiles que han quedado grabadas en el interior de la persona. A esta manifestación exagerada de miedo se le conoce como fobia. 

Otra manifestación insana del miedo es la angustia que se manifiesta como reacción a una amenaza interna más que a un peligro externo. Puede ser por pérdida del sentido de vida y de motivación. Se pierde el ímpetu; todo parece vago, confuso, frío y hostil. Es un grito en el vacío bien representado en “El grito”, pintura dramática de Munch. 

La ansiedad,  también derivada del miedo, es una sensación frecuentemente difusa que surge del interior de la persona y no puede eliminarse fácilmente. Puede presentarse por pensamientos de posible “abandono” y de no ser valorad@ y aceptad@ por el otro u otros. También puede ser por una tensión interior al no aceptarse, y condenarse a sí mism@; se une a sentimientos de vergüenza y culpa. Causa un gran desasosiego y malestar. 

Los apuntes anteriores pueden provocar interrogantes sobre nosotros mismos. Hay que zambullirse en la interioridad para hallar respuestas. Es importante explorar las profundidades de nuestro ser a las que no se ha querido o podido penetrar. La aventura más atrayente e interesante es descubrirse a sí mism@: las necesidades, deseos, aspiraciones y tensiones trascendentes que nos impulsan hacia lo bueno, bello y justo y a encontrar el sentido de la vida, de nuestra existencia y de la misión personal.  

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

Josefina Centeno de R. Valenzuela
Psicóloga, terapeuta.
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