El juego de la vida

Nuestra vida es como participar en un juego de naipes, Dios nos da un tanto de cartas con la intención de que apostemos a 'ganar'.

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El secreto de una vida plena no está en lo que haces o por qué lo haces sino en para qué lo haces.- Anónimo

A mí me parece que nuestra vida es como participar en un juego de naipes. Dios nos da un tanto de cartas con la intención de que apostemos a “ganar”. Algunas de esas cartas no nos sirven y hay que desecharlas, otras son adecuadas para un buen juego y otras son “comodines” para usarlas cuando convenga. 

Esas barajas son nuestros talentos, salud, inteligencia, fortaleza, las potencialidades, emociones y sentimientos, bondad y belleza que nos sirven para emprender acciones y realizar todo lo bueno que somos capaces de imaginar y querer.  

En mi juego personal, una buena carta es haber sido amada y atendida por mis padres desde mis primeros años; mas tarde, en la escuela donde, si bien con disciplina, la enseñanza fue impartida por [email protected] con verdadera vocación traducida en un interés genuino, respeto y calidez para sus alumnos a los que formaron con sus actitudes de compromiso, responsabilidad y dedicación. 

Otras cartas son los dones personales que hay que reconocer para desarrollarlos y emplearlos para uno mismo y para los demás. También, los eventos dolorosos que me han hecho conocer mis fortalezas. Me enseñaron la humildad al comprender lo que he aprendido de esos sucesos que, disfrazados de dificultades, han servido para forjarme un carácter recio y decidido para seguir adelante con paso firme y encontrarle sentido a los gozos y a las adversidades. 

Otra carta decisiva es el amor. Quiero y puedo amar lo que es amable y lo que no es fácil de amar, restándole importancia a las cosas tontas e imperfectas que no podemos evitar al relacionarnos con otras personas, repitiéndome: “Nada de lo que es humano me es extraño”. Amar a las personas no sólo por lo que me dan sino por lo que soy capaz de brindarles como dicen los versos sublimes de José Martí:

“Cultivo una rosa blanca en junio como en enero/ para el amigo sincero que me da su mano franca./ Y para el cruel que me arranca el corazón con que vivo, Cardo ni ortiga cultivo; cultivo una rosa blanca”. 

Este interesante juego que está teniendo lugar en este momento requiere atención e inteligencia para ganar en la vida un día y otro también. 

Estamos en el juego, y tú ¿qué cartas tienes?  

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

Josefina Centeno de R. Valenzuela
Psicóloga, terapeuta.
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