Miércoles, 28 de Septiembre del 2016

“Los destructores del matrimonio”

Yendo a fondo se han podido encontrar factores que desajustan y llevan al rompimiento de la pareja, llevando a incrementar el índice de divorcios en nuestra patria.

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“La infidelidad y los problemas económicos” son la primera causa de divorcios en América Latina. Pero yendo a fondo se han podido encontrar factores que desajustan y llevan al rompimiento de la pareja. Son los famosos “destructores del matrimonio”, que día a día han ido proliferando y llevando a incrementar el índice de divorcios en nuestra patria. 

Estos son algunos y vale la pena analizarlos a ver si no estamos cayendo en ellos: Cuando se insiste en compartir felicidades o desgracias, sin dejar esa soledad, que a veces hace falta a la pareja, para que crezca y se desarrolle como ser humano. Cuántos de nosotros a veces necesitamos estar a solas para clarificar nuestras ideas y tomar decisiones, para poder conllevar nuestra vida matrimonial. Es bueno tener intimidad, pero la distancia a veces ayuda a que siga la ilusión y la armonía en la pareja.

En ocasiones se insiste en enseñar al cónyuge como vestir, como comer, hablar o actuar. Y se le da el comentario hiriente: “Es que eres una niña chiquita, tu mamá no te educó bien”. Nadie desea tener un papá o una mamá como compañera en su matrimonio, nadie desea ser de nuevo educado y reprimido, o ser pisado y despersonalizado. La libertad y la aceptación son dos monedas muy importantes en la vida conyugal.

Cuando las parejas son hablantinas y no escuchan, hablan del novio, de la criada o sólo de su trabajo y se olvidan de la pareja sin averiguar lo que siente, desea, anhela, le interesa o vive en su alma. O bien otros destructores son cuando hay un cariño excesivo por los hijos. Eso frena el desarrollo emocional de la pareja al desplazar al cónyuge por aquellos, y volverse padres asexuados al servicio de sus hijos. Muchas veces la mujer se entrega en cuerpo y alma a las labores domesticas, exigiendo al hombre: “no te sientes allí”, “ya moviste el florero”, etc. Y el hombre a su trabajo y pasatiempos, olvidándose que tiene esposa e hijos. El amor en pareja es una planta que hay que regarla con diálogo, respeto y mucho amor para que no se seque.

Los celos son otro factor muy destructivo del matrimonio. A veces se insiste en saber qué hizo la pareja en cada segundo del día, y se le cela con todo y con todos. Se le exigen cuentas en qué se gasta el dinero y cada centavo. Se vuelven policías y jueces de la otra parte, y buscan saber qué hablaron o dijeron con sus amigos o amigas. Brotan los celos cuando una de las parejas baile, ría o platique en forma melosa con otro del sexo opuesto que sienta que es más simpático que él o ella.

Los problemas cotidianos, el trabajo y tantos factores que nos hacen descuidar lo más preciado que Dios nos dio en este mundo que es ¡la pareja! A veces nos agredimos mutuamente cuando se habla del pasado de los antiguos novios o novias, de cómo han progresado o de lo bien que se les ve y viene la frase: “... y tú sin embargo sigues igual”. 

El compararse y poner nuestra felicidad en el dinero y cosas materiales a la larga va a separar a las parejas. Cuando se halaban cualidades de belleza o simpatía de otra persona, como “qué bonitos ojos tiene esa mujer” o “qué guapo y alegre es ese hombre”. Es cuando viene la agresión verbal al salir la frase por cualquier pleito: “No se por qué que me case contigo”. “Le hubiera hecho caso a mi madre”, etc.

¡Cuántos matrimonios se han separado por pleitos tontos y sin sentido! A veces la pareja prefiere a su familia y desdeña a la de su cónyuge, y más aún tratan de apartarlos de sus padres, hermanos o de amigos. Es cuando los silencios se hacen elocuentes y se encierra la pareja después de una discusión en su propio silencio, y se responde con monosílabos y se ignora lo que siente y piensa la otra parte. 

Han sacado de sus vidas esos tres factores que son básicos en la vida de pareja: Diálogo, respeto y amor.
Para evitar esos destructores del matrimonio hay que volver a buscar los factores que nos unieron. Sazonar nuestro matrimonio con mucho diálogo y aderezarlo con perdón, paciencia y aceptación. Esos serán los ingredientes para que el guiso llamado “Felicidad conyugal” podamos degustarlo y paladearlo día a día para ser felices, y disfrutar la pareja que Dios nos regaló para tener un cielo anticipado aquí en la tierra hoy y ahora.m

Roberto Díaz y Díaz
Médico Pediatra, conferencista.
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