Miércoles, 28 de Septiembre del 2016

Las máscaras mexicanas

Las revoluciones y las guerras suelen dar paso a una etapa introspectiva en los pueblos, surgen las preguntas y un anhelo de encontrar respuestas.

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Las revoluciones y las guerras suelen dar paso a una etapa introspectiva en los pueblos, surgen las preguntas y un anhelo de encontrar respuestas. Octavio Paz compara esta etapa de todos los pueblos con la adolescencia, ese pender entre la infancia y la adultez, esa mirada curiosa que busca descifrar su rostro en el reflejo. Primero escudriña su rostro, si lo logra buscará una máscara. Con el tiempo se cansará de ella y nuevamente comenzará la peregrinación, la observación de los acertijos en su cara.

Me pegunto si no serán las sucesivas máscaras que ha adoptado el mexicano un deseo de cómo ser visto por el otro. Con el fin de la Revolución Mexicana vino una serie de cuestionamientos sobre el mexicano, su historia, su esencia, lo que le caracteriza frente a los demás. Las indagaciones fueron diversas e influidas por el nacionalismo que tomó el pedestal como ideología predominante, basada en la idea de una nación motivada en el mestizaje. La figura del mestizo simbolizó los sincretismos que se dieron en la cultura y el pensamiento en los últimos siglos en México, o al menos esto se pretendió entender (Basave, 2002:121). Debido a que la población indígena se encontraba en el centro de la cuestión para que México fuera una nación, una identidad, una historia. 

Se veía a este pueblo y sus saberes fuera del orden imperante y homogéneo del México posrevolucionario. 

Tanto los análisis de Samuel Ramos como los del grupo Hiperión tenían el objetivo de encontrar la esencia del mexicano. El punto final de esta etapa de estudios mexicanistas fue El laberinto de la soledad (1950), alejado del enfoque cientificista y más cercano al estético. Octavio Paz en este libro dedica páginas y páginas a la esencia del mexicano. 

El poeta da una dimensión diferente a la naturaleza del mexicano, ésta es la historia. Tal como él escribe, en el país están desperdigados diferentes niveles históricos. Somos historia, más que razas. Sus ensayos apuntan a personajes cuya identidad es problemática, ejemplo de ello son los pachucos. Paz trata de desenmascarar la intimidad y lo oculto del mexicano, mira debajo de las máscaras. Aquellas máscaras que son apariencia y que coléricamente serán rasgadas por los estudiantes de 1968 para gritar: ¡basta! Es la dualidad mexicana, el país de la superficie y el otro, el que permanece oculto.

Guadalupe Gerónimo Salaya
Licenciada en Literatura Latinoamericana con Mención Honorífica, por la Universidad Autónoma de Yucatán.
Ha publicado en prensa y revistas de difusión cultural. Actividades docentes en la Uady.
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