Miércoles, 28 de Septiembre del 2016

Miedo a vivir

Un exceso de temor agrandado en la fantasía por razones ajenas a la situación real puede llegar a paralizarnos.

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El miedo es una señal de alarma básica que cuando es saludable nos anima a desarrollar todos nuestros recursos para superar un reto. Sin embargo, un exceso de miedo agrandado en la fantasía por razones ajenas a la situación real puede llegar a paralizarnos.

El miedo es una de las cuatro emociones básicas que nos acompañan a lo largo de nuestra vida junto con la rabia, la tristeza y la alegría. Es una de las que calificamos como negativas, aunque todas nos ayudan a adaptarnos al entorno en el que vivimos. La función del miedo es protegernos ante los peligros que pueden rodearnos, por eso nos lleva a contraernos físicamente. En su grado máximo, el miedo nos bloquea y paraliza.

¿Cómo podemos saber cuando el miedo que sentimos corresponde a una amenaza real, y cuándo es fruto de nuestra imaginación hasta el punto de paralizarnos?

Existe una historia que nos da claridad sobre lo anterior. “Una vez una hormiga preguntó a un ciempiés: ¿podrías explicarme cómo haces para caminar y coordinar tan bien tus cien pies moviéndolos todos en forma tan fácil? ¿Qué órdenes mandaba a cada uno de sus pies? y en ese mismo momento el ciempiés ¡empezó a tropezarse! Y fue incapaz de dar un nuevo paso. El ciempiés empezó a pensar en cómo y todavía lo está pensando y no se ha movido del lugar.” Eso mismo a veces nos pasa con nuestra vida: a veces, cuando uno intenta controlarla y empieza a dar vueltas a todo lo malo que nos puede pasar ¡nos colapsamos! ¿Cuántas veces tu te has colapsado? ¿Eso te ha impedido hacer lo que querías hacer?. 
¿Cuántas veces has evitado hacer cosas que te gustaban, pero el miedo te ha frenado?. 

En nuestra sociedad actual han aumentado muchísimo los casos de ansiedad y ataques de pánico, debido a que pensamos que nuestra mente era todopoderosa y capaz de prevenir todo lo que ocurre. Vivimos en la mentira de que podemos controlarlo todo, y a la vez creemos que todo lo que ocurre es nuestra responsabilidad.

Somos como el ciempiés: funcionamos bien hasta que empezamos a 'auto responsabilizarnos' de todo y nos exigimos tenerlo todo bajo control. Entonces nos asalta el pánico por miedo a fracasar, a no triunfar y ser castigados por ello.

Debemos tener en cuenta que existe un miedo primario, y otro que se deriva de la fantasía y del excesivo predominio de la mente no controlada. ¿En qué se distinguen? El primario lo desencadena un estímulo externo o amenazante que puede atentar contra la vida; el otro esta provocado por nuestros pensamientos. El primero es un miedo adaptativo que nos protege, el segundo un miedo que simplemente nos paraliza y nos impide actuar. Este es el miedo que hay que vencer.

Tal vez el diágnostico de tu infelicidad es que tienes miedo a vivir, miedo a ser feliz y al ser prisionero del miedo, no disfrutas la vida, y te vuelves esclavo de la depresión, la ira y la tristeza.

Para los miedosos, Séneca proponía la técnica de 'La premeditación de todos los males'. La puedes realizar de forma más sistemática, escribiendo durante media hora cada día, todos los pensamientos catastróficos sobre lo malo que te puede llegar a ocurrir. Una vez que los aceptas, todos tus miedos y tus males ¡desaparecen!

Las palabras de Séneca nos recuerdan que 'no dejamos de afrontar las adversidades porque sean difíciles, sino que son difíciles porque no las afrontamos'.

Roberto Díaz y Díaz
Médico Pediatra, conferencista.
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