Martes, 27 de Septiembre del 2016

Si tuviera un sueño

Como Martin Luther King, me gustaría que la calle se llenara de gente amorosa, que sus pasos se volvieran cortitos y delicados como son los primeros pasos de los niños.

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Hay tanto por qué marchar en este país, tantos desaparecidos, tantas mujeres viviendo el horror de la trata de blancas, que francamente me parece terrible elegir el tema de “la familia” para llenar las calles de discriminación.

¿Cuál es el modelo de familia en este país? Lo pregunto porque me ha tocado crecer junto a mujeres que son padre y madre, que han tenido que “romper” su familia por el bien de sus hijos. ¿Qué bien hará a un niño crecer junto a un padre violento y abusivo? ¿Qué pasará en su historia si vive el sometimiento y el abuso de su madre como un acto cotidiano? ¿No será mejor crecer junto a la familia que las circunstancias ponen, si ésta le permite a su vez la felicidad?  

A mí me tocó convertirme en mamá de mi sobrina y aprender en el camino lo difícil que es acompañar a un niño en su crecimiento. Ella nunca se ha preguntado por sus circunstancias, las vive sin flagelos, sin compararse con otros niños y sin preguntar por sus padres. 

Sucede que le tocó una historia difícil, plagada de violencia y vicios, le tocó vivirla desde sus primeros años y gracias al DIF pudimos cambiar su historia. Esto no pudimos hacerlo con sus hermanas, creíamos que debían estar junto a papá y mamá, el tiempo pasó y nos enseñó que en realidad ellas debían estar lejos de aquello que las destruía. 

No quiero hablar mucho de mi sobrina, eso le corresponde a ella. Hemos prometido hacer una obra juntas algún día para hablar del tema. Nunca entenderé el miedo de los que ven amenazada a “la familia”, pero sí entiendo que de nada le servirá a un niño crecer con discursos de discriminación y odio. ¿Qué pasará además si el niño o adolescente tiene dudas sobre su sexualidad y en vez de hablarlas con su familia debe marchar por las calles condenando su voz interior? Crecerá entonces con miedo al rechazo y al odio de sus padres, de sus hermanos, de sus amigos.

Hay que pensar que esos discursos sólo aportan miedo, no alimentemos a nuestros niños con eso, no caminemos por un discurso que imposibilite a alguien a ser padre o madre simplemente por la persona a quien decide amar. Si tuviera un gran sueño, como Martin Luther King, sería que  la calle se llenara de gente amorosa, que sus pasos se volvieran cortitos y delicados como son los primeros pasos de los niños, y así: con pasos pequeños, pero que hagan avanzar al mundo, podamos construir un mundo en el que “familia” no sea un molde en femenino y masculino, sino un acompañamiento de amor infinito. Mi hija-sobrina se llama Esperanza, espero en su nombre podamos alumbrar destino.

Conchi León
Actriz y dramaturga. Diplomada en Dirección de Teatro para Niños.
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