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California.- A Leila Giraldo le cuesta contener la sonrisa de incredulidad ante el espectáculo que tiene delante. Su calle, donde normalmente no pasa nada, es ahora un contundente despliegue de medios de comunicación de todo el mundo acampados frente a la casa de los Turpin.

Por las noticias se ha enterado de lo que ocurría allí dentro desde hacía tiempo, 13 personas, varios de ellos menores de edad, en condiciones de esclavitud, tres de ellos atados a los muebles de la casa, desnutridos y a oscuras. "Es difícil creer que algo así haya ocurrido y tan cerca de mi casa, a unos pasos", cuenta Giraldo a El Mundo desde la entrada de su chalé de nueva construcción, ubicado en un conjunto de casas de clase media en Perris, California, a unos 120 kilómetros al sureste de Los Ángeles.

Giraldo no es la única en la calle comentando lo ocurrido. Hay un buen puñado de vecinos y unos cuantos curiosos de urbanizaciones cercanas que se han acercado a contemplar el espectáculo. La mayoría no tuvo nunca nada que ver con David Turpin, de 57 años, ni con su mujer, Louise Anna Turpin, de 49 años, ahora entre rejas y con una fianza fijada en 9 millones de dólares.

"Mantenían sus asuntos en privado. No creo que nadie supiera lo que estaba pasando allí dentro. Jamás oímos ruidos, ni gritos ni golpes"

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Eran gente que no socializaba y que jamás se dejaba ver con sus hijos por las calles. Tan solo en alguna rara ocasión, trabajando en el jardín de noche o sacando la basura. Pero poco más. "Mantenían sus asuntos en privado. No creo que nadie supiera lo que estaba pasando allí dentro. Jamás oímos ruidos, ni gritos ni golpes", continúa Giraldo.

Tampoco escucharon ni vieron a una de las hermanas darse a la fuga, una joven de 17 años tan desnutrida que la policía pensó que tenía 10 años cuando se encontraron con ella. Tras escaparse por una de las ventanas de la amplia vivienda unifamiliar, se comunicó con las autoridades del condado de Riverside y poco después se presentaron los agentes en casa de los Turpin.

De acuerdo al relato policial, la madre se quedó perpleja al ver a los policías y no fue capaz de esgrimir una excusa coherente ante lo que estaba pasando en el interior de la vivienda. El capitán Greg Fellows, de la oficina del sheriff de Riverside, confirmó que encontraron a tres niños atados a muebles de la casa, que el olor era fétido y que estaban a oscuras. Siete de los hermanos ni siquiera eran menores, pero la policía pensó que lo eran inicialmente ante su aspecto demacrado.

También se sabe que los niños estudiaban en casa y que se mudaron a esa vivienda en 2014, una urbanización con hispanos, afroamericanos y blancos, con casas de entre 300.000 y 500.000 dólares. "Aquí hay un poco de todo", cuenta Bonnie, una de las vecinas que confirma que llegó a conocer a Louise Turpin. "Solo fue una vez. Estaba con algunos de sus hijos en una reunión de vecinos, pero apenas dijo nada. Nunca la veíamos ni teníamos ni idea de lo que estaba pasando dentro. Era imposible saberlo.

De lo contrario, la hubiéramos denunciado de inmediato". Bonnie, que prefiere no revelar su apellido, recuerda que los hijos de los Turpin, de entre 2 y 29 años, salieron en una ocasión a recoger dulces por Halloween, una tradición anglosajona, pero que por lo general nunca se dejaban ver.

Y que la entrada de su casa estaba muy descuidada. O que dejaban los cubos de basura en la calle durante días. "Cosas así, pero no lo suficientemente importante como para meterte más en la vida de la gente", afirma. Ahora las investigaciones están centradas en esclarecer por qué trataban a sus hijos de aquella manera.

Se ha descartado enfermedad mental de los padres y la pertenencia a algún tipo de secta. Mientras, los niños se recuperan en hospitales del condado. Los especialistas creen que tardarán tiempo en recuperar la normalidad. Lo que pasaba allí dentro es difícil de digerir.