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Ciudad de México.- En los primeros minutos del 23 de diciembre pasado Alejandra Salinas Castillo fue asesinada dentro de su hogar en Toluca, Estado de México. Su hijo, de siete años de edad, narró que el novio de su madre la ahorcó, luego lo tomó a él por el cuello y lo golpeó hasta que perdió el conocimiento. Cuando despertó, halló a su mamá muerta.

Dos meses después, las autoridades detuvieron al presunto atacante: el profesor de taewaekondo del niño, informó Sin Embargo.

Amigos y familiares de la víctima temen que la palabra del menor no sea suficiente para sentenciar al imputado, quien afirma ser inocente.

Alejandra tenía 28 años de edad, era madre de un niño, estaba divorciada. Pese a su separación mantenía una “buena” relación con su ex esposo, quien vivía muy cerca de su casa ubicada en la calle San Andrés, en la colonia Villas Santín.

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“Se divorciaron porque él le doblaba la edad y no funcionaron; pero fue una separación madura. Se llevaban mejor separados que juntos, y él no dejó de hacerse cargo de los gastos del niño, incluso a veces le compraba ropa a ella, los llevaba a comer a restaurantes los fines de semana, etcétera. Tenían una relación muy cordial y muy estrecha”, explica Nancy, mejor amiga de Alejandra.

La mujer que funge como vocera de los deudos pidió omitir su nombre completo, al menos hasta que haya una sentencia contra el imputado, debido a que teme por su seguridad y de la de sus hijos ante la cercanía que tenía con la víctima.

Nancy recuerda que desde un año antes del crimen, Alejandra llevaba a su hijo a clases de taekwondo. Ella tenía una relación con Jesús Enrique, el entrenador de su pequeño, según confirmaron vecinos y el casero de la víctima.

La amiga detalla que un día antes del asesinato invitó a Alejandra a una posada navideña en la Ciudad de México, pero respondió que ya tenía planes con el padre de su hijo. Ese viernes, agrega la amiga, los tres pasaron todo el día juntos hasta la noche.

Nancy comenta que platicó con Alejandra toda la tarde por mensajes de WhatsApp.

“Me comentó que ya tenía todo el día en la casa del papá de su niño, que fueron a comer y ya era tarde. Yo le escribí: ‘Ya quédate a dormir ahí, ¿Para que te vas a tu casa?’, pero ella me contestó que ya se tenía que ir. Era de noche y yo iba de regreso para Toluca, entonces le dije que estaba bien y que mañana [al día siguiente] nos veíamos para darnos el abrazo de Navidad”.

Pasadas las once de la noche de ese viernes, Alejandra le escribió a Nancy: “Ya estoy en mi casa. Mañana te veo”. Platicaron poco y el último mensaje que recibió de la hoy víctima fue a las 11:28 pm. “Ella ya no me contestó y yo me quedé dormida. El sábado me desperté temprano, le escribí y vi que no ha recibía mis mensajes y que tampoco aparecía su foto en el WhatsApp. No sospeché porque pensé que tal vez se habría quedado sin pila”, agrega.

Nancy fue notificada de la muerte de su mejor amiga al medio día del 23 de diciembre. La ex pareja de Alejandra le pidió de favor a ella y a su esposo acudir a la vivienda y esperar a los agentes de la Fiscalía General del Estado de México mientras él llevaba a su hijo al Ministerio Público de Metepec porque había sido testigo del crimen.

Alejandra fue asfixiada con una almohada en el interior de su vivienda. Además, el agresor le cortó el dedo índice de la mano derecha.

Alejandra fue una de las 358 mujeres asesinadas ese año en el Estado de México, 301 de esos casos fueron catalogados como homicidios y sólo 57 como feminicidios, de acuerdo a las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema de Seguridad Pública (SESNSP).

De los asesinatos de mujeres que el Estado de México reconoce como feminicidios, ocurridos entre 2014 y 2017, el 37 ciento de las víctimas fueron asesinadas en su propia casa y el 30 por ciento atacadas por su pareja.

Toluca de Lerdo es uno de los 11 municipios mexiquenses en los que la Alerta de Género opera desde 2015.