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CIUDAD DE mÉXICO.- Estar de pie puede ser parecer bastante inútil para perder peso, pero si cambias algunas de tus rutinas sedentarias por unos minutos de parado, puede que te sorprendas.

De acuerdo con el portal de noticias Muy Interesante, el trabajo en la oficina o los largos trayectos en el transporte pueden hacer que pases muchas horas sentado. Si no agregas una rutina de ejercicio a tu día puede que estés convirtiéndote en una persona sedentaria. Pero tenemos buenas noticias: estar parado quema algunas calorías.

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Un estudio, publicado en el European Journal of Preventive Cardiology demostró que mantenerse de pie puede hacerte quemar una caloría más por minuto que al estar sentado.

¿Solo una caloría? Puede sonar insignificante, pero si tomamos en cuenta un promedio de 6 horas diarias de estar parado contra estar sentado, el resultado es un gasto de 54 calorías. Lo anterior representa una pérdida aproximada de dos kilos y medio al año. ¿No está nada mal, cierto?

El gasto calórico al mantenerse de pie es mínimo y no debe contarse como ejercicio, pero tenlo en cuenta la siguiente vez que vayas en el metro o que estés esperando para entrar a una junta. Este pequeño cambio en tu rutina podría hacer la diferencia en unos meses.

¿Por qué quitarse los zapatos podría ayudarte con tu peso?

Fue en 2002 cuando una investigadora de la Universidad de Stirling llamada Paula Baille-Hamilton acuñó el término obesógenos para referirse a una serie de agentes químicos ambientales que podían contribuir a que engordemos.

De acuerdo con el portal Quo, los llamados obesógenos pertenecen al grupo de los disruptores endocrinos, sustancias químicas que interfieren con nuestro sistema hormonal causando alteraciones metabólicas que provocan, entre otras cosas, el aumento de peso.

Según los investigadores, los humanos ingerimos una media de 50 miligramos de polvo al día, y los niños pequeños el doble de esa cantidad. Por eso, lo mejor para evitar alteraciones metabólicas es evitar en lo posible la presencia de obesógenos en nuestro hogar.

Por supuesto, nuestros zapatos no son la única fuente por la que esos agentes químicos pueden introducirse en nuestra casa. También están presentes en muchos productos cosméticos y de limpieza. Por eso, recomiendan reducir su uso al mínimo necesario.