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Cuba.- Raúl Castro entró este miércoles en el salón donde se iba a celebrar la Asamblea Nacional del Poder Popular acompañado de Miguel Díaz-Canel. La imagen bastaba para confirmar que el actual primer vicepresidente de Cuba se convertirá en el sucesor al frente del Gobierno, tal como ha decidido su mentor. Aun así, la puesta en escena de lo que simula ser un parlamento democrático siguió adelante.

De acuerdo con ABC Internacional,  Gisela Duarte Vázquez, presidenta de la llamada Comisión de Candidaturas Nacional (CCN), fue la encargada de presentar oficialmente ante la Asamblea la candidatura única del futuro presidente. El CCN es el encargado, siguiendo los designios de Castro, de elaborar la lista de los 31 miembros del Consejo de Estado, el organismo que ejerce el poder legislativo mientras la Asamblea no se reúne. Además del presidente, forman parte de este Consejo un primer vicepresidente primero, cinco vicepresidentes y 24 vocales.

Protocolo de elección

 De acuerdo con el guión establecido, se les entregó a los diputados las biografías de los candidatos para que las estudiaran durante una hora sin salir del salón de la plenaria, para luego votar. El primero al que se vio depositar su papeleta fue el propio Raúl Castro. 

Hoy, por la mañana se dio a conocer que Miguel Díaz-Canel ocupará oficialmente el puesto de Presidente de Cuba.

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¿Quién es Miguel Díaz-Canel?

Poco menos de 500 kilómetros separan a las ciudades de Santa Clara y Holguín. En la primera, capital 'de facto' de la región central de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez es considerado una leyenda, un símbolo de político honesto y capaz “al que nunca se le olvidó su compromiso con la gente”; en la segunda, al norte oriental de la isla, la sola mención de su nombre genera opiniones encontradas, aunque en la mayoría de los casos con un sesgo crítico.

A casi una década de haber 'escalado' hasta las instancias del Gobierno nacional, este ingeniero electrónico de 57 años sigue siendo valorado —sobre todo— por lo que fue capaz de hacer en tiempos de sus primeras secretarías provinciales del Partido. En Villa Clara pasa el examen con notas sobresalientes; en Holguín —la provincia natal de Fidel y Raúl Castro—, los resultados no son tan halagüeños.

Tal contradicción es solo una de las tantas que caracterizan su historia pública. Mas, al escogerlo como nuevo presidente de los consejos de Estado y de Ministros, Raúl Castro ha tenido en cuenta una variable que por mucho tiempo se consideró poco conveniente para el ejercicio del poder político en la isla: el carisma. Por décadas, la popularidad fue potestad exclusiva del 'comandante en jefe', y el gris nota distintiva de los funcionarios que lo acompañaban. Entre tantos tonos opacos, Díaz-Canel fue capaz de encontrar un matiz particular, lo suficientemente oscuro para no despertar suspicacias, lo suficientemente llamativo para hacerse notar.

Cualquiera de sus biografías oficiosas apunta que nació en abril de 1960, en una de las ciudades de la entonces provincia de Las Villas. Veintidós años más tarde se graduó en la universidad local y pasó a cumplir tres años de servicio en una unidad de cohetes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Fue el comienzo de una larga carrera dentro del 'sistema'. Por el camino, cumplió misión militar en la Nicaragua sandinista de finales de los ochenta, ejerció como segundo de Roberto Robaina en la dirección nacional de las Juventudes Comunistas, a comienzos de los noventa, y llegó al exclusivo Buró Político del Partido en 2003 y al Ministerio de Educación Superior en 2009. Mientras Díaz-Canel escalaba posiciones, el propio Robaina, el vicepresidente Carlos Lage y el canciller Felipe Pérez Roque caían en sucesivas purgas que iban eliminando a todos los candidatos presidenciables de la llamada 'generación intermedia'.

Definitivamente, alguien diferente

Reservado hasta el mutismo en los últimos años, al hombre que ha recibido la primera magistratura del Estado cubano lo preceden demasiadas singularidades como para poder considerarlo una simple continuación del 'general-presidente'. No solo por el hecho de que en su juventud prefiriera a los Beatles y el teatro —en tiempos en que los chicos de Liverpool no eran bien vistos por la ortodoxia revolucionaria—, o porque defendiera siempre los derechos de la comunidad LGBT, sus dos hijos toquen en una banda de rock y sea el único de los dirigentes de 'primer nivel' que dispone de una cuenta en Facebook y parece entender de qué va internet.

 Díaz-Canel llega a la oficina mayor del Palacio de la Revolución aupado —además— por las expectativas mayoritarias de un país que todavía sufre muchas de las consecuencias del derrumbe del socialismo europeo (hace más de un cuarto de siglo), y que solo por su edad ya lo considera una opción válida, sin importar lo que suceda de ahora en adelante.

Hace pocos meses, cuando se iniciaba el actual proceso selectivo, Brian Latell, exjefe de Análisis sobre América Latina de la Agencia Central de Inteligencia de los EEUU, anticipó que Díaz-Canel sería la apuesta del Gobierno de La Habana ante la inevitable coyuntura del relevo generacional. “Es un hombre del aparato, leal a Raúl, que ha tenido mucho tiempo para congraciarse con las fuerzas armadas, en las que reside el verdadero poder de Cuba”. A su juicio, cabría esperar un líder “pragmático antes que visionario”.

Desde la visión de sus particulares experiencias, en Santa Clara y Holguín las expectativas difieren en cuanto a los posibles derroteros que habrá de seguir la isla en el futuro inmediato. Con un Consejo de Estado que Raúl Castro se negó a renovar en la magnitud que se esperaba, y bajo el efecto de los años transcurridos, Díaz-Canel tiene ante sí el reto formidable de conducir a Cuba rumbo a mares menos turbulentos. Sesenta años después del Triunfo Revolucionario, queda en manos del “hombre nuevo” —que anticipara el Che Guevara— la potestad de salvar o destruir a la Revolución.

(Infografía: Alexis Robles)