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MANAGUA, Nicaragua.- El estallido del "volcán" de Masaya ha ensombrecido con sus cenizas la hoja de ruta planteada por el presidente Daniel Ortega para salir airoso de una rebelión popular inesperada.

"No tenemos por qué reprimir, creemos que el diálogo es la solución", subrayó el coronel Manuel Guerrero, portavoz del ejército nicaragüense, tras los graves disturbios en Masaya.

De acuerdo con información del diario El Mundo, si alguien tiene la culpa de la independencia de las fuerzas armadas es Humberto Ortega, hermano del presidente, quien inició este proceso tras la victoria electoral de la opositora Violeta Chamorro en 1990. A diferencia del ejército cubano o del venezolano, bajo control casi absoluto de ambas revoluciones, en Nicaragua no existe la obediencia automática de los militares.

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"Somos el pueblo mismo uniformado, trabajando en su propio beneficio", aclaró la Comandancia General en un comunicado, en el que reitera su apego a la Constitución.

"La postura del Ejército es sin duda positiva, un logro, pero ya no es suficiente ante el caos que tiende a profundizarse. Todos los días las fuerzas de choque de Ortega asesinan a la gente. El país se volvió ingobernable", aseguró el general Hugo Torres, quien fuera comandante revolucionario y hoy forma parte del Movimiento Renovador Sandinista (MRS).

Masaya vivió un sábado de violencia y sangre a continuación de los ataques en Managua contra los estudiantes de la Universidad Politécnica (Upoli) y Autónoma (Unan). En la represión oficialista se volvieron a unir policías, turbas paramilitares y miembros de la Juventud Sandinista (JS), con el balance provisional de cinco personas muertas y cerca de dos centenares de heridos en los últimos tres días.

"Se equivoca quien cree que llevando las protestas civiles a un conflicto armado y al caos social lo hará más fuerte para imponer su voluntad y defender sus intereses", disparó monseñor Silvio José Báez, arzobispo auxiliar de Managua y principal símbolo de las protestas antigubernamentales.