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TOKIO, Japón.-Tras cumplirse en enero la última instancia judicial y luego de que los trece acusados fueran separados en diferentes prisiones, usual paso previo a las ejecuciones, la sociedad japonesa se prepara para terminar con la historia del peor atentado terrorista de su historia.

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El fundador de la secta Verdad Suprema, Shoko Asahara, considerado el cerebro de los mortales ataques con gas sarín en el metro de Tokio en 1995 fue ejecutado hoy en la horca, según informó la cadena pública NHK.

El gurú de 63 años, cuyo nombre real era Chizuo Matsumoto, ha sido ejecutado el pasado viernes junto a los 13 miembros de la secta condenados a pena de muerte por un atentado que costó la vida a 13 personas  y dejó a decenas en estado casi vegetativo.

El Tribunal de Tokio lo condenó a morir en la horca en 2006; el veredicto, que responde a la pena solicitada por la Fiscalía, se produjo cinco horas después de iniciarse el último juicio contra Asahara. Refieren que el acusado no se inmutó al escuchar la sentencia. Pues cuando recibió la sentencia fue en años atrás.

Además del atentado con sarín, Asahara estaba acusado de otros 12 cargos de diferente tipo, desde asesinato, inducción al asesinato, el lanzamiento de sarín en unos apartamentos y producción ilícita de armas y drogas. Los variados delitos de la organización causaron la muerte de 27 personas y heridas de diferente grado a otras 5.500.

El juez dijo que Asahara, cuyo verdadero nombre es Chizuo Matsumoto, de 48 años, ordenó cada uno de los 13 actos por los que se sentó en el banquillo de los acusados. Según el juez, Asahara se creyó Buda o Dios, y en nombre de una aparente salvación trató de dominar todo el país para demostrar que era un ser superior.

El presidente del tribunal calificó los delitos de Asahara como "crímenes crueles y deplorables", por los cuales se mereció la mayor pena existente en el código penal nipón, la horca.

Las víctimas fueron recordadas este martes con ofrendas florales depositadas en seis estaciones céntricas del metro de Tokio, donde el gas nervioso esparcido por los seguidores de Aum Shinrikyo en la hora de mayor tránsito de la mañana del 20 de marzo de 1995 hizo estragos.

En la estación Kasumigaseki, objetivo principal del ataque que comenzó cuando los fanáticos pincharon bolsas plásticas con sarín dentro de los trenes, los empleados uniformados del metro bajaron la cabeza en silencio para rendir homenajes a los muertos.