Agencias
CIUDAD DE MÉXICO.- El sol morirá, eso pasará en aproximadamente 10 mil millones de años, o al menos esa es la conclusión de los científicos; los expertos no sabían que es lo que pasaría cuando eso suceda, no tenían idea de los cambios, las consecuencias y desventajas que eso traería al universo, sin embargo, lograron tener la idea y lo exponen a continuación.

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De acuerdo con el portal Quo, ahora, un equipo de astrónomos,liderados por Albert Zijlstra, ha desarrollado un modelo de datos que predice el ciclo de vida de las estrellas. Y los resultados, publicados en Nature Astronomy, señalan que se convertirá en una nebulosa planetaria, igual que el 90% de las estrellas activas y marca la transición de la estrella de una gigante roja a una enana blanca.

El estudio contradice la teoría de que nuestro sol tenía una masa demasiado pequeña para crear una nebulosa planetaria visible.

“Cuando una estrella muere – explica Zijlstra  en un comunicado –, expulsa al espacio una masa de gas y polvo, que puede llegar a representar la mitad de la masa de la estrella. En este punto la estrella se está quedando sin combustible, finalmente se apaga y muere.

En ese momento el núcleo caliente hace que el material expulsado brille por alrededor de 10.000 años, un breve período en astronomía. Esto es lo que hace que la nebulosa planetaria sea visible.

Algunas son tan brillantes que se pueden ver desde distancias extremadamente grandes, decenas de millones de años luz, algo que habría sido imposible si se tratase solo de la estrella”.

Otro hecho: NASA explica por qué Urano huele a huevos podridos

Tras más de diez años desde que la nave Voyager 2 de la NASA visitó Urano, el proceso por el que se forman las gigantescas nubes del planeta gaseoso seguía siendo un misterio. Hasta ahora.

Un grupo de investigación del Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA, en Pasadena (Estados Unidos), ha encontrado sulfuro de hidrógeno -el gas que huele a huevos podridos- en las nubes del planeta, según recoge la revista Nature Astronomy.

Aunque la presencia de este gas que es tóxico para la vida como la conocemos, ya se había planteado desde hace tiempo, no ha sido hasta ahora cuando se ha podido demostrar. Para ello, el equipo ha utilizado el telescopio Gemini North en Mauna Kea (Hawái), con el que han obtenido datos de la composición de las nubes a través de un espectrómetro de infrarrojo cercano, informa La Vanguardia.