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ESTADOS UNIDOS.- Si eres amante de los tatuajes y estás al pendiente de las nuevas tendencias, investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) presentaron una nueva tecnología en impresión 3D, el cual contiene células bacterianas genéticamente programadas para responder a diferentes estímulos químicos.

Los objetos imprimidos con esta tecnología pueden ser utilizados como sensores vivos, señala el comunicado del MIT. Para demostrarlo, los científicos crearon el primer tatuaje 3D vivo del mundo, para el cual imprimieron un patrón de árbol con hidrogel, cuyas ramas contenían bacterias sensibles a diferentes químicos, informó el portal Soy 502.

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Posteriormente, los especialistas aplicaron estos químicos a la piel de la mano de una persona y colocaron encima el tatuaje vivo. Cuando las células bacterianas entraron en contacto con estas sustancias, el árbol iluminó sus ramas.

“Estas células morían durante el proceso de impresión, porque las células de los mamíferos son muy débiles y se rompen”

"Esperamos poder imprimir plataformas computacionales vivas que pueden ser transportables", expresó uno de los investigadores, el profesor Hyunwoo Yuk. El científico añadió que, en el futuro, estas "computadoras vivas" serán estructuras formadas por numerosos tipos de células que se comunicarán entre sí, transmitiéndose señales las unas a las otras, de una manera similar a los transistores en los microchips.

Yuk añadió que el proceso fue complicado, y que en un inicio intentaron utilizar  polímeros que fueran sensibles a la temperatura, y aunque las bacterias morían durante el proceso, al final lograron crear la tinta. “Estas células morían durante el proceso de impresión, porque las células de los mamíferos son muy débiles y se rompen”.

El tatuaje responde a ciertas condiciones químicas. (Foto: Newatlas)

Esta tecnología además puede ser utilizada para crear sensores vivos con objeto de monitorear biomarcadores inflamatorios o cambios en la temperatura corporal. Además, puede servir para detectar contaminantes en el medio ambiente, tanto en el agua como en el aire.

Los resultados de la investigación de MIT fueron publicados en la revista Advanced Materials el pasado 5 de diciembre.