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BERNA, Suiza.- Pavel, un turista estonio de 30 años, de vacaciones en una estación de esquí de los Alpes salió de fiesta una tarde y bebió alguna copa de más. Cuando pasaba el último transporte para su hotel, a las siete y media, pensó que aún le quedaba mucha noche por delante y continuó la juerga hasta que cerraron los bares.

De acuerdo con información de El País, a esa hora no tenía otra opción que volver a pie, pero echó a andar en la dirección opuesta a su hotel. En algún punto indeterminado tuvo que dejar de caminar y comenzar a escalar, porque acabó superando una pendiente de 400 metros de desnivel para llegar a la cima de la montaña de 2.400 metros.

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Al final del recorrido, encontró un restaurante, el Igloo, encaramado sobre la pista Ventina, una cresta llena de nieve que hace tiempo se reservaba para competiciones de esquí en la estación de Cervina, y pensó que era su hotel.

Probó a meter a tientas la llave en la cerradura y a pesar de que no había forma de que encajara, consiguió abrir la puerta. Bebió dos botellas de agua que encontró en la barra, para calmar la deshidratación de la ascensión y tal vez la resaca y se echó a dormir en el primer sitio que se le antojó cómodo, en busca de un sueño reparador: un banco lleno de cojines en el recibidor del establecimiento.

El cocinero y los camareros lo encontraron acostado a la mañana siguiente, cuando subieron en moto de nieve para preparar los desayunos. Según la reconstrucción de la policía, el turista debió de llegar entre las dos y las tres de la mañana, aunque no han sido capaces de saber cómo. “Lo encontramos mortificado, se disculpaba una y otra vez”, recuerda la propietaria.

Cuando reportaron el hecho a las autoridades, éstas estaban empezando a organizar una batida para localizar a un turista perdido con perros y drones. El último lugar que hubieran rastreado era la cima de la montaña. Entonces los dueños del restaurante lo llevaron sano y salvo a su albergue.

Al día siguiente, el viajero volvió a subir al Igloo, esta vez en una cómoda moto de nieve para agradecerles la asistencia y la comprensión y hacerse una foto con ellos para el recuerdo “Nos regaló una botella de vino de su país y nos contó riendo que se había hecho famoso”, recuerda Nicoletta.

No habrá denuncia, los propietarios se lo tomaron con humor y destacaron que Pavel no había creado ningún daño en el local, pero el estonio se enfrenta a una multa por la movilización de los equipos de rescate.