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MÉXICO.- Los casos de curas asesinados en el país han aumentado 500%, en un país con una abrumadora mayoría católica, las sotanas no frenan las balas.

De acuerdo con información de La Silla Rota, "Los curas antes éramos intocables pero la violencia se ha hecho más democrática y se han roto todos los límites", sostiene el padre Alejandro Solalinde, un activista defensor de los derechos humanos, particularmente de los migrantes.

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Las palabras de Solalinde no son exageradas, en un país donde el 82.9% de la población se identifica como católica, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las sotanas no frenan las balas.

Tal es el caso de Luis López Villa, encargado de la parroquia de San Isidro en Los Reyes La Paz, en el Estado de México. El cura de 71 años no tenía otra cosa en mente que esperar su jubilación, regresar a su natal Michoacán y pasar ahí el tiempo que le quede de vida.

Sus deseos próximos fueron cortados por un puñal que atravesó su pecho y su cuello. Fue encontrado sin vida el pasado mes de julio con las manos atadas y la boca tapada con cinta adhesiva.

El responsable fue identificado como Celso, de 24 años, quien confesó que mató al cura cuando lo sorprendió robando las limosnas de la iglesia.

La violencia contra los sacerdotes es comparada dentro del gremio con la Guerra Cristera o el extremismo islámico, aunque en lugar de persecución, se trata de extorsiones, secuestros, torturas y asesinatos.

Para Omar Sotelo, fundador del Centro Católico Multimedial, los sacerdotes llegan a ser personas incómodas para el crimen organizado porque "denuncian a los políticos, ayudan a migrantes, socorren a los heridos y conocen bien a la gente de sus pueblos".

"Es un horror. Este crimen y el de los otros padres manifiestan una situación sin límites. Antes al menos los criminales respetaban a los sacerdotes", declara Solalinde.