09 de Diciembre de 2018

Chetumal

Don Silverio, una guía para los discapacitados

En su unidad atiende a un sector de la población despreciado por los propios taxistas.

A sus 66 años de edad y nacido en Tizimín, Yucatán, dice que tras 42 años en Quintana Roo, ha convertido a Chetumal en su nueva patria. (Joel Zamora/SPSE)
A sus 66 años de edad y nacido en Tizimín, Yucatán, dice que tras 42 años en Quintana Roo, ha convertido a Chetumal en su nueva patria. (Joel Zamora/SPSE)
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Benjamín Pat/SIPSE
CHETUMAL, Q. Roo.- Con más de mil 800 concesiones para servicio de taxi autorizadas, en Chetumal solamente una unidad atiende a uno de los sectores de la población, olvidado y despreciado en muchas ocasiones por los propios operadores.

Se trata de las personas con discapacidad motriz que a pesar de sus limitaciones, a bordo de una silla de ruedas, luchan diariamente para continuar atendiendo, con independencia, sus necesidades y múltiples ocupaciones, en una ciudad con muy pocos espacios y servicios para este grupo de población.

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José Silverio Mena Osorio trabaja desde hace casi dos años para transportar a esas personas, desde sus casas hasta el lugar de destino  y viceversa. Lo hace como una labor social, porque los 30 pesos (mínimo) y los 60 pesos (máximo) que cobra por servicio (ida y vuelta) alcanzan, cuando mucho, para dar el mantenimiento al vehículo.

La unidad está adaptada con un sistema de elevador que permite y facilita el abordaje de los pasajeros con discapacidad motriz. Al mismo tiempo cuenta con espacio suficiente para trasladar a los familiares, por el mismo precio.

Don Silverio recuerda que hace algunos años, cuando iba acompañado por un amigo, con discapacidad, fueron objeto de discriminación y maltrato por parte de un taxista.

“Íbamos en un día lluvioso y nos trepamos en un taxi y nos dijo el tipo que no le mojáramos sus sillones. Le dijimos que no veníamos del sol sino de la lluvia, que sí no quería eso mejor  se hubiera quedado a dormir. El taxista nos bajó, obviamente no nos quedamos así y fuimos a Sintra y vimos hasta que se le aplicara la sanción debida, porque se supone que están para servir”, relató.

La falta de sensibilidad mostrada, en muchas ocasiones, por los operadores de taxi lo motivó a apuntarse, gustoso, a un proyecto de transporte inclusivo que fue impulsado en su momento por las autoridades estatales, el sindicato de taxistas y organizaciones civiles.

“Es un proyecto conjunto con la organización Una Luz en el Camino de Quintana Roo, conjuntamente con otras asociaciones que nos apoyaron para que la causa saliera adelante. Pensamos que iba a haber varios transportes más, porque intervinieron muchas personas”, mencionó.

Actualmente se trata de la única unidad, tipo taxi, que atiende a personas con discapacidad. Su anhelo es que en unos años, más personas y por supuesto las autoridades impulsen este transporte que considera, tanta falta hace para muchas familias de la capital del estado.

“Yo por ejemplo, tengo la responsabilidad bajar, abrir la puerta trasera y subir al usuario, una vez adentro, se le coloca el cinturón de seguridad y se verifica que esté bien y cómodo, algo que no hacen los demás”.

Para don Silverio, a sus 66 años de edad y nacido en Tizimín, Yucatán, dice que tras 42 años en Quintana Roo, ha convertido a Chetumal en su nueva patria, por lo que considera que no existe mayor que servir a la gente, sobre todo a quienes más lo necesitan.

“Yo no me doy abasto, salgo de las 6 de la mañana y a veces termino hasta las 10 de la noche, es un poco cansado. En realidad no es un negocio. Es más un transporte con labor social”, explicó.

Para utilizar el servicio, los usuarios deben programar con un día de antelación las citas a fin de poder realizar una programación, porque el costo incluye el traslado de la casa hasta el lugar de destino. Una vez concluidas las actividades del cliente, éste notifica por mensaje o llamada para que nuevamente sea trasladado nuevamente a su destino.

Para Mena Osorio, su taxi continuará funcionando mientras la vida y las fuerzas lo permitan, y a pesar de que algunos automovilistas insistan en no respetar los sitios asignados para las personas con discapacidad, porque el afán de servir es más fuerte.

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