¿El distanciamiento social debilita mi sistema inmunológico?

Conoce aquí qué hacer para reforzar realmente tu sistema inmunológico y vencer a los virus oportunistas.

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Aunque se guarde una distancia de 1.8 metros (6 pies) con los demás y se pase la mayor parte del tiempo en casa, nuestros cuerpos están respondiendo continuamente a muchas bacterias y gérmenes que habitan en ambientes interiores y exteriores. (Foto: Twitter).
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A algunos les preocupa que la falta de contacto con otra gente debilite su sistema inmunológico al reducir el contacto activo con los gérmenes. En resumen, no.

Aunque se guarde una distancia de 1.8 metros (6 pies) con los demás y se pase la mayor parte del tiempo en casa, nuestros cuerpos están respondiendo continuamente a muchas bacterias y gérmenes que habitan en ambientes interiores y exteriores.

“Estamos constantemente expuestos a microbios”, dijo Akiko Iwasaki, investigador del sistema inmunológico en la Universidad de Yale. “Nuestro sistema inmunológico está siempre activo”.

Los efectos de las vacunas infantiles y la inmunidad acumulada también son duraderos, explicó Iwasaki, y no desaparecen de la noche a la mañana por mantenernos alejados de la gente durante la pandemia.

Cómo puedo reforzar mi sistema inmunológico

Los expertos sugieren que quienes quieran reforzar su sistema inmunológico en estos tiempos deberían practicar hábitos como control del estrés, alimentarse de forma saludable, hacer ejercicio regularmente y dormir las horas recomendadas.

“Estas son cosas que afectan realmente al sistema inmunológico”, apuntó Iwasaki.

La vacuna de la gripe estacional o influenza también le ayudará a protegerse de otra posible enfermedad.

Duerme bien

Durante el sueño los músculos, tejidos y el cerebro se restauran. La producción de hormonas como la del crecimiento y las de saciedad -leptina y grelina- se pueden ver afectadas por dormir mal, de manera que durante el día podrías experimentar un hambre incontrolable.

Procura dormir al menos 6 horas. Trata de que sea a la misma hora. No comas pesado antes de irte a la cama, pues eso propicia que tu sistema digestivo no descanse y que puedas tener pesadillas.

Es importante también que el lugar de tu descanso sea realmente agradable. El ruido y la luz no son buenos compañeros de descanso. Si no te es posible alejarte por completo de ellos, usa antifaz y tapones blandos.

Mejora tu alimentación

La comida chatarra no te aporta nada más que calorías de grasa y pocas vitaminas y minerales, así que ¡bájale!, u opta por frutos, como los rojos, que son una excelente y rica opción, cargada de antioxidantes.

También están los cítricos, repletos de vitamina C, mucho poder contra las infecciones respiratorias; o intenta con snacks como almendras y nueces, que contienen grasas saludables y también te dan energía.

Si vas a hacer dieta, consulta con un especialista, pues copiar el régimen de tu mejor amigo (a) a veces no solo es inútil, sino hasta contraproducente. Y tampoco te vayas a los extremos, haciendo dietas muy restrictivas que te maten de hambre.

Ejercítate

No es necesario que te inscribas al gym si no quieres, ni que hagas hoooras de ejercicio, pero en serio, ¡actívate!, los beneficios del ejercicio son múltiples: cuando caminamos o corremos, los músculos demandan más oxígeno y el sistema cardiovascular se fortalece, al igual que las vías sanguíneas.

Además, esta actividad beneficia al cerebro. Los doctores Fred Gage y Henriette Van Praag, investigadores del Instituto Salk en La Jolla, California, demostraron que el trotar o correr favorece la creación de nuevas neuronas en el hipocampo (memoria) en ratones.

¡Bájale al alcohol!

Es verdad que tomar vino de forma moderada tiene sus beneficios, pero también es indudable que excederse trae consecuencias negativas. El empeoramiento de la gastritis y colitis son algunos de los malestares por el consumo crónico de bebidas alcohólicas. La flora intestinal también puede verse dañada, lo que influye directamente en tu sistema inmune.

En la salud emocional basta recordar cómo muchas personas pierden el control, se pelean, lloran, le llaman a sus ex novios, ¡en fin!, una falta de control de impulsos por los cuales más tarde experimentan culpa y/o depresión.

 

 

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