Emociones que ayudan a prevenir situaciones de riesgo

¿Son malas todas las emociones? ¿Cómo se relacionan con situaciones de riesgo? Aquí te lo explicamos.

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Foto de contexto: Pixabay
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Los humanos desarrollan su capacidad para relacionarse con la sociedad desde bebés: siempre y cuando su cuidador primario permanezca junto al recién nacido. Entonces, las emociones que ayudan a prevenir situaciones de riesgo dependen de la experiencia afectiva que se le brinde a la persona desde el día que nació.

Lo anterior tiene un impacto decisivo en el desarrollo cognitivo, social y emocional en la juventud y madurez.

Si estás leyendo esto, es porque quieres garantizar que el menor a tu cargo sea capaz de lidiar con experiencias. Puede ser tu hija o hijo, alumna o alumno, ahijada o ahijado, sobrina o sobrino, y lo que van a necesitar tú y ellos es un vínculo fuerte. 

¿Por qué? Porque ellos han venido a este mundo con un sentimiento de desamparo. Sí. Es parte de la naturaleza humana. Aquí te lo explicamos.

La Unicef y Fundación Kaleido establecen en la publicación “Desarrollo Emocional. Clave para la primera infancia” que la regulación afectiva y la constitución de la confianza básica son pilares del buen desarrollo de las personas:

“En la primera infancia, el niño carece de la capacidad de regular por sí mismo sus estados emocionales y queda a merced de reacciones emocionales intensas. La regulación afectiva sólo puede tener lugar en el contexto de una relación con otro ser humano. El contacto físico y emocional —acunar, hablar, abrazar, tranquilizar— permite al niño establecer la calma en situaciones de necesidad e ir aprendiendo a regular por sí mismo sus emociones”, señalan los autores Marcela Armus, Constanza Duhalde, Mónica Oliver y Nora Woscoboinik. 

Comprender lo escrito arriba es fundamental para entender que, mientras más temprano logremos un equilibrio entre factores de riesgo y factores de protección y, por tanto, una buena crianza. 

Debes entender factores de riesgo como aquellas características del niño, su entorno, su comunidad que pueden potenciar o inhibir su inteligencia emocional. 

En tanto, por factores de protección debes entender los recursos propios del infante para superar las adversidades. 

Y en la protección, el adulto juega un papel esencial, pues es casi seguro que el niño pierda su autoconfianza ante una situación de estrés. Pero si una persona mayor le acompaña, el niño será capaz de aprender y vencer la dificultad del presente y las que vengan en el futuro. 

¿Qué es una emoción?

Según los psicólogos, una emoción es “un estado complejo del organismo caracterizado por una excitación o perturbación que predispone a la acción. Las emociones se generan como respuesta a un acontecimiento externo o interno. Entre los científicos, existe el consenso de que existen seis emociones básicas:

  1. Sentir miedo
  2. Vivir la sorpresa
  3. Aversión
  4. Experimentar ira
  5. Alegría
  6. Tristeza

De ahí la importancia de aprender desde pequeños a saber identificarlas y expresarlas. Pues, cuando no se tiene una buena crianza, es común que las personas tomen decisiones precipitadas y exageradas a partir de sus emociones. 

¿Cuáles son las situaciones de riesgo?

Una situación de riesgo es una situación que conduce a algo peligroso. 

Un individuo que está frente a un momento así puede producir consecuencias negativas en su salud y en su vida, ya sea en el presente como en el futuro. 

En la adolescencia, una vez que la persona va tomando distancia de la protección personal, tomar riesgos es normal. Así que no te alarmes. Tu papel como adulto es continuar siendo una guía, porque algunos estudios indican que es hasta los 25 años que el humano es ya capaz de controlar mejor su vida y sus impulsos. 

Las siguientes, son situaciones de riesgo que debes considerar para tomar acción:

  1. Dejar la escuela o estudiar menos de lo necesario
  2. Ejercicio de la sexualidad sin responsabilidad
  3. Consumir tabaco, alcohol o drogas
  4. Uso indiscriminado de redes sociales para “socializar”
  5. Expresión violenta de la opinión y sentimiento
  6. Tendencia a planificar delitos menores
  7. Tener pensamientos y comportamientos suicidas
  8. Despreciar la sana alimentación y el ejercicio

El objetivo de identificar estas y otras circunstancias es fundamental para que puedas ofrecer tu guía o la de un profesional. 

Las situaciones de riesgo pueden convertirse en un verdadero peligro cuando una emoción más encausada controla al individuo. 

Por ejemplo, la violencia se desencadena cuando la ira gana la partida. El problema no es sentir ira. El problema es autorregularse para no activar una respuesta violenta a todo lo que nos irrite o produzca rabia. 

Educar sobre el control de las emociones negativas alejará del peligro a los individuos de cualquier edad, aunque no es fácil.

Implica ejercitar la mente, relajarse, meditar, aceptar la responsabilidad y empatía para ir tomando el timón de cualquier sobreexcitación de orilla a nuestra mente y cuerpo a reaccionar de una manera autodestructiva. 

¿Qué puedo hacer para prevenir sentir emociones que no son buenas para mí?

Todas las emociones son buenas para tí y para todos. Incluso la ira. ¿Por qué? Porque la ira nos permite, por ejemplo, detectar injusticias. El problema es no controlarla. Así que, lo que debes plantearte, es adoptar la versión positiva de las emociones y enriquecer con ella tu reacción al mundo. 

Para que ocurra esto:

  1. Ponle un nombre a esa emoción que sientes que te invade o domina. 
  2. Luego, descubre qué la nutre, el porqué la sientes
  3. Proponte una solución y toma acción y decide sentirte bien
  4. Conversa con una persona de confianza y exprésate sin temor a ser juzgado

Con esto, dejamos de ceder el control a comportamientos impulsivos que, cuando se suceden una y otra vez, suelen ponerte más próximo a un peligro. 

Por ello, más que prevenir sentir ciertas emociones, ubícalas, llámales por su nombre y no te conviertas en esclava o esclavo de ellas. 

Así vivirás mejor y serás capaz de guiar a los demás. No por nada el documento de la Unicef a que hago referencia arriba concluye lo siguiente:

“Cuidar cuidando” es una consigna permanente para el cuidado de todos aquellos responsables e intervinientes en la crianza de un bebé y de un niño. Es fundamental que los cuidadores primarios y los agentes comunitarios reciban el sostén y el acompañamiento en su tarea para no sentirse ni excedidos ni desolados”.

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