17 de Diciembre de 2017

Ciencia y Salud

Descubren que a este gusano ¡le gusta comer plástico!

Se trata de una especie que originalmente se alimenta de la miel y la cera de las colmenas.

El gusano de la cera, o gusano de miel, puede alcanzar los tres centímetros de longitud en su fase larvaria y se encuentra en todo el mundo. (El Mundo)
El gusano de la cera, o gusano de miel, puede alcanzar los tres centímetros de longitud en su fase larvaria y se encuentra en todo el mundo. (El Mundo)
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Agencia
El problema del plástico es mundial. El polietileno, en concreto, es uno de los materiales plásticos que se emplean para la fabricación de envases alimenticios o bolsas de la compra.

De media, cada persona utiliza al año unas 230 bolsas de plástico, generando más de 100 mil toneladas anuales de este tipo de residuos. Y como consecuencia, cada año se producen en todo el mundo unas 80 millones de toneladas de este resistente material, informa el portal web El Mundo.

A pesar de las ventajas que ofrece, el politetileno tiene un principal inconveniente: su lenta degradación. Una bolsa de plástico tarda unos 100 años en desaparecer, ya que están fabricadas con polietileno de baja densidad. En el caso de las más densas y resistentes, pueden tardar hasta 400 años.

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Recientemente, Federica Bertocchini, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha encontrado una posible solución natural a la degradación. Bertocchini ha descubierto que los gusanos de cera (Galleria mellonella), que se alimentan habitualmente de miel y cera de los panales de abejas, son también capaces de degradar este plástico.

Descubrimiento casual

La investigadora, aficionada a la apicultura, descubrió un día que sus panales estaban llenos de unos gusanos que se alimentaban de la miel y cera de sus abejas. Para limpiar el panal, colocó los gusanos en una bolsa de plástico y los dejó en una habitación. Al volver a esa estancia, vio que los insectos se habían escapado de la bolsa a pesar de estar cerrada y comenzó un proyecto para comprobar que habían sido ellos mismos quienes habían hecho los agujeros.

Los resultados de esta investigación del CSIC, en colaboración con Paolo Bombelli y Chris Howe de la Universidad de Cambridge, se han publicado en el último número de la revista Current BiologyDegradación natural.

En la actualidad, los procesos de degradación química son lentos y muy largos, pudiendo prolongarse durante meses. Además, requieren el uso de líquidos corrosivos como el ácido nítrico. Sin embargo, este nuevo descubrimiento abre la puerta a otro tipo de eliminación de este material, de una forma natural.

"Hemos realizado muchos experimentos para comprobar la eficacia de estos gusanos biodegradando polietileno", señala Bertocchini en un comunicado.

Según los investigadores, un motivo por el que el gusano ha podido desarrollar este mecanismo es por la similitud entre la composición de la cera y la del plástico.

Aunque todavía se desconocen los detalles de cómo realiza la degradación, "si conseguimos conocer el mecanismo molecular y aislar la molécula responsable, se podría producir in vitro a escala industrial y emplearse para destruir el polietileno", detalla Bertocchini.

"100 gusanos de cera son capaces de biodegradar 92 miligramos de polietileno en 12 horas"

Además, el estudio demuestra que la degradación se produce de una manera muy rápida: "100 gusanos de cera son capaces de biodegradar 92 miligramos de polietileno en 12 horas".

El gusano de la cera

El gusano de la cera o gusano de miel, es un insecto lepidóptero que puede alcanzar los tres centímetros de longitud en su fase larvaria y que se encuentra en todo el mundo.

Su nombre se debe a su alimentación: se alimentan de la miel y la cera de las colmenas de las abejas. De hecho, las colmenas son el lugar perfecto para su desarrollo ya que le proporcionan una temperatura óptima de crecimiento: entre 28 y 34 grados centígrados.

Las larvas del gusano tienen una expectativa de vida de entre seis y siete semanas. Además, se caracterizan por ser capaces de producir seda y realizar en el capullo su última metamorfosis: su conversión en polillas.

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