16 de Julio de 2018

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'Subir el Everest se ha vuelto una cuestión de dinero'

Ricardo Torres Nava, primer mexicano en llegar a la cima, lamenta que hoy en día haya más accidentes mortales, porque la preparación quedó de lado.

Torres Nava conquistó el pico más alto del planeta el 16 de mayo de 1989. Aquí aparece poco antes de iniciar el ascenso a la montaña. (everestspeakersbureau.com)
Torres Nava conquistó el pico más alto del planeta el 16 de mayo de 1989. Aquí aparece poco antes de iniciar el ascenso a la montaña. (everestspeakersbureau.com)
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EFE
MÉXICO, D.F.- El Everest es un circo y escalarlo es una cuestión de dinero en la actualidad, consideró el montañista mexicano Ricardo Torres Nava, quien hace 25 años, el 16 de mayo de 1989, se convirtió en el primer latinoamericano en llegar a la cima de la montaña más alta del mundo.

"Hace algunos años me dijeron que el Everest se había convertido en un circo y me dolió ese calificativo; pero debo de aceptar que hay un parte de cierta", dijo Torres Nava a Efe sobre su hazaña que marcó al montañismo de América Latina.

Torres, un médico de 58 años, aseguró que la trayectoria y la preparación que las autoridades de Nepal exigían de los montañeros que van al Everest "ya pasan a segundo plano por dinero y eso ha traído una serie de consecuencias y accidentes mortales.

De hecho el 18 de abril se registró la mayor tragedia en la historia cuando 12 personas fallecieron debido a una avalancha.

"Se ha dado un giro radical en los últimos años a la verdadera esencia del montañismo y ya no es aquella persona que tiene un trayectoria y preparación la que puede escalar sino que la persona que tiene dinero aunque no tenga conocimientos se arriesga a perder la vida", apuntó.

Recuerdos intactos

En medio de estos tiempos donde el dinero parece mandar en la montaña más alta del mundo, Torres Nava ha echado mano de la memoria para recordar la mezcla de alegría y temor que tuvo al llegar a la cima el 16 de mayo de 1989.

"En aquel momento me invadió la alegría, pero predominaba el temor y era un temor bien fundado", confesó Torres al recordar el ascenso al Everest, de 8.848 metros sobre el nivel del mar.

El temor llegó dos horas después en el descenso, cuando el sherpa nepalés Phu Dorje, quien le tomó la foto en la cumbre, sufrió un mortal caída, en un exceso de confianza.

"Al llegar a la cima ya tenía el 50 por ciento del logro, pero faltaba el descenso, el otro 50 por ciento, y regresar con vida, regresar con bien, ahí en la cima me di cuenta que si no bajaba con la máxima precaución, además de estar sin comer y deshidratado, seguramente iba a perder la vida", añadió.

Ricardo relató que en aquella temporada en la emblemática montaña de la cordillera del Himalaya, intentaron el ascenso 95 montañeros de varias nacionalidades y expediciones, "pero sólo 14 llegamos a la cumbre y de esos siete perdieron la vida en el descenso".

Abrió puertas a latinoamericanos

El ascenso de Torres Nava fue como un pistoletazo de salida para los montañeros mexicanos y latinoamericanos para coronar la montaña más alta de la tierra.

"No solamente abrimos las puertas para México sino que también fue un estimulo para otro países de América Latina. Decían, si ya lo logró un mexicano pues vamos a intentarlo y estaban en todo su derecho. A mí cada vez que sube un mexicano o un latinoamericano al Everest me da mucho gusto".

"Para mí no han pasado 25 años, para mí apenas ha transcurrido una semana, así lo siento de cerca y lo vivo, recuerdo muy bien ese 16 de mayo cuando salimos hacía la cumbre del Everest".

El alpinista, quien ahora imparte cursos y conferencias, comentó que espera publicar a fines de este año un libro sobre su ascenso al Everest dirigido al público infantil. Recordó que el hecho de llegar a la cumbre del Everest le costó "no haber alcanzado otras cumbres personales".

"Soy el mismo pero al mismo tiempo no lo soy, el Ricardo de antes entrenaba todos los días y estaba dedicado a la escuela, al trabajo y a la familia y el de ahora es un Ricardo con los mismos valores, pero más dedicado a la parte empresarial y a mis 'Everests cotidianos'".

"El Everest más peligroso de la vida y el más difícil de escalar es el Everest de todos los días, el que experimentamos cotidianamente en la escuela en el trabajo y en la familia.

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