18 de Diciembre de 2017

Deportes

Ronaldinho, una de las víctimas de racismo en futbol mexicano

El delantero brasileño, refuerzo del Querétaro, ha sido blanco al igual que Dorlan Pabón, 'Chucho' Benítez, Felipe Baloy, Franco Arizala...

Ronaldinho en foto del 12 de septiembre del año en curso. El astro brasileño no ha podido escapar a los insultos racistas cada vez más frecuentes en estadios de México. (Foto:  AP)
Ronaldinho en foto del 12 de septiembre del año en curso. El astro brasileño no ha podido escapar a los insultos racistas cada vez más frecuentes en estadios de México. (Foto: AP)
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Agencias
MÉXICO, D.F.-  El fútbol mexicano vibraba de emoción en los primeros días de septiembre cuando el club Querétaro anunció la contratación de Ronaldinho, uno de los jugadores más famosos del planeta.

Pero la ex estrella del Barcelona y campeón mundial con Brasil en 2002 ni siquiera había jugado su primer partido con ese equipo del centro de México cuando fue blanco del primer insulto racista, justo el día de su presentación oficial en el estadio Corregidora de Querétaro.

"En serio trato de ser tolerante pero detesto el fútbol y el fenómeno idiotizante que produce, lo detesto aún más porque la gente estorba e inunda las avenidas para hacer que tarde dos años para llegar a casa. Y todo para ver a un SIMIO... Brasileño, pero simio aún. Esto ya es un circo ridículo", escribió el 12 de septiembre en su cuenta de Facebook Carlos Treviño, un ex funcionario del gobierno de Querétaro.

Tras una ola de críticas, el ahora profesor universitario se disculpó con el futbolista y con el club, pero no recibió ningún castigo. Se trata de un desenlace bastante común ante un problema que cada día aqueja más al fútbol mexicano, y que sus dirigentes rehúsan admitir.

"Hay dos motores, dos preocupaciones en materia de discriminación, una es el fútbol y el otro el internet", dijo a The Associated Press Valeria Berúmen, subdirectora de Divulgación y Comunicación Social del organismo del gobierno mexicano encargado de combatir la discriminación. "Los vemos como potenciadores de mensajes positivos, pero también de discriminación, racismo y xenofobia".

Insultos a Pabón

Poco después del incidente del brasileño, el ariete colombiano del Monterrey Dorlan Pabón fue insultado con gritos de mono y la palabra "chango" (simio) en un partido en León, otra ciudad en el centro de México. El club local anunció que investigaría el incidente de principios de octubre, pero hasta fines de mes no tenía resultados.

La liga mexicana guardó silencio sobre ese incidente y el de Ronaldinho, e incluso su presidente Decio de María opina que el racismo no es un problema en las canchas del país.

"México no es un país racista. Este es un país donde ponemos apodos, en el barrio existen, son distinciones. Hay groserías que cuando se dicen no llevan el fondo de lo que textualmente significan", afirmó De María después del caso de Ronaldinho. "Decirle a alguien un apodo no es una cuestión de discriminación. Quienes sí se pasen de la línea deben ser juzgados".

Aunque De María no vea un problema, la realidad es que estos casos son comunes en México.

Gritos en el Campo Nou

Durante un partido en febrero en el estadio Camp Nou de León, seguidores del equipo visitante Pumas imitaron los gritos de simios cada vez que tocaban la pelota los jugadores colombianos del club local, Eisner Loboa y Franco Arizala.

"Escuché y lo repruebo totalmente, lamento que esto suceda en un campo de fútbol", comentó en ese momento el entrenador uruguayo del León, Gustavo Matosas.

En mayo del año pasado, el ecuatoriano Christian Benítez, El Chucho, q.e.p.d., fue insultado en el estadio Olímpico de Pumas en la capital mexicana. El entonces delantero del América, quien falleció poco después mientras jugaba en Catar, se quejó públicamente por los gritos de mono, pero no se tomaron medidas disciplinarias.

El zaguero panameño Felipe Baloy fue llamado "mono" por dos jugadores de Pumas durante un partido en 2010 en el estadio Olímpico, y en 2006 la afición del club Santos de Torreón, en el norte de México, lo insultó con gritos de simio.

Tras el caso en Torreón, la Federación Mexicana de Fútbol impuso una multa de 268,000 pesos (unos 20,000 dólares) a Santos, la única sanción por racismo impuesta por el organismo rector en años recientes. El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, el organismo donde trabaja Berúmen, abrió un expediente a los jugadores de Pumas Marcos Palacio y Darío Verón por los insultos a Baloy, y ambos participaron en campañas contra el racismo.

"En México no se da el racismo en todas las canchas. El problema quizás sea en tres o cuatro estadios, pero no se debe esperar a que llegue a un caso extremo para frenarlo", opinó el volante argentino de Pumas Daniel Ludueña.

Más allá de México

El racismo en el fútbol no es un problema exclusivo de México.

Gremio, uno de los clubes tradicionales del fútbol brasileño, fue descalificado de la Copa de Brasil por los insultos racistas de algunos de sus hinchas contra un jugador rival. Las autoridades radicaron cargos contra cuatro seguidores de Gremio por gritar "mono" al portero Aranha.

Hinchas del Villarreal de España lanzaron un plátano al jugador brasileño del Barcelona Dani Alves, quien tomó la fruta y le dio un mordisco. Su gesto provocó una campaña viral por redes sociales encabezada por su compañero de equipo y compatriota Neymar. Y el año pasado, el futbolista ghanés del Milan Kevin-Prince Boateng abandonó un partido amistoso por los gritos racistas desde las gradas.

La FIFA creó el año pasado un grupo de trabajo contra el racismo y discriminación que contempla sanciones contra los clubes, entre ellas reducción de puntos, expulsión de competencias y hasta el descenso. La liga mexicana adoptó en febrero el reglamento de la FIFA, que establece que la primera vez que ocurran actos racistas "sumamente graves", el árbitro debe parar el partido y pedir a los encargados del estadio que realicen una advertencia a los fanáticos para que cesen los insultos.

Si los incidentes continúan, el árbitro tiene la potestad para detener el partido hasta por 10 minutos y llevar a los equipos a los vestuarios, con otra advertencia al público. Si el encuentro se reinicia y continúan los insultos, el árbitro puede suspender las acciones.

Hasta el momento, ningún árbitro en México ha detenido un partido por estos incidentes.

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