20 de Enero de 2018

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Consideran los grafitis como arte sacro

El artista urbano musulmán Mohammed Ali se encuentra en Roma para el evento TEDx sobre la libertad religiosa.

Sus obras incorporan elementos como la caligrafía, que forman parte de la tradición artística islámica. (vaticaninsider.lastampa.it)
Sus obras incorporan elementos como la caligrafía, que forman parte de la tradición artística islámica. (vaticaninsider.lastampa.it)
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Agencias
CIUDAD DEL VATICANO.- Ha pintado en tiempo real, en el escenario del acontecimiento TEDx sobre la libertad religiosa, una obra cuyo tema era precisamente freedom, libertad: Mohammed Ali es un artista callejero británico profundamente inspirado por su fe musulmana.

Sus obras incorporan elementos, como la caligrafía, que forman parte de la tradición artística islámica. Tras su performance, Vatican Insider le ha preguntado por qué había decidido participar en el evento celebrado a pocos pasos del Vaticano:

Aquí la atmósfera es increíble. He estado en muchas ciudades pero es la primera vez que vengo a Roma, una ciudad impregnada de historia religiosa. Para mí, como artista urbano, es algo muy potente, sagrado. Me inspira, inspira mi fe. La misma palabra grafiti llega de aquí, en italiano se dice graffiti precisamente como en inglés.

¿Qué relación hay entre arte urbano y libertad religiosa?

Cuando he pintado ante el público, he dicho que escribir en las paredes del metro, de los túneles, de los pasos subterráneos como sucede en Nueva York, recuerda lo que ocurría aquí en las catacumbas subterráneas o en Pompeya: en esos lugares también hay grafitis. Los grafitis siempre han formado parte de la existencia humana. Todos somos artistas urbanos, lo sepamos o no, nos guste o no”.

Y sin embargo los grafitis se asocian a menudo con el degrado urbano, con las sociedades que han perdido el norte y los valores...

Es necesario terminar con esta idea de que los grafitis son la expresión de jóvenes sin meta, de los guetos urbanos, del vandalismo. Es necesario abandonar esta percepción. Admito que no soy un gran fan de algunos tipos de grafitis: los miro y no me dicen nada. Si pones algo en un espacio público tiene que querer decir algo, tiene que haber un mensaje para el público que técnicamente es el propietario de ese espacio.

No se puede hacer que todos sientan que una obra de arte les pertenece, pero como artista urbano, creo que es necesario intentarlo. Yo quiero tratar de establecer una conexión con las personas”.

¿Por lo tanto, qué dicen, para ti, los grafitis?

Los grafitis son como la respiración de la ciudad, el grito de las personas. Esas paredes que nos rodean en todas las metrópolis, que se ciernen sobre nosotros, que admitámoslo, incluso nos dividen, nos contienen, nos circundan- eso es, los grafitis usan como tela esa fealdad de cemento y la transforman. Por lo tanto, los grafitis son la voz de la gente.

En algunos lugares donde los ha habido, te das cuenta que los muros necesitan vida, ves que todo es muy moderno y está muy limpio, sin embargo sientes que en ese lugar no hay ninguna alma - o al contrario, cuando todo ha sido abandonado a sí mismo. Pero si ves arte en lugares relevantes de la ciudad, es la gente la que dice 'esto soy yo, esta es mi historia'.

Por lo tanto, en la idea de los grafitis hay un elemento de liberación, porque en el mundo en que vivimos, en el que la gente se ha perdido en la masa y nunca es relevante como individuo, como ser humano -estamos dispuestos en categorías, musulmanes, cristianos, y nos miramos unos a otros a través de marcos o de orejeras.

Por eso, por mi parte, como artista, lo que trato de hacer es usar el arte como instrumento social, para romper estos esquemas”.

¿Y la libertad religiosa qué papel puede jugar en este ambiente?

En una sociedad cada vez más secularizada, en la que la religión se considera algo regresivo, que llega de la Edad Media, creo que es muy importante que las personas de fe se unan. Hoy puede que toque a una comunidad ser objeto de violencia o de hostilidades, pero mañana podrías ser tú, podríamos ser nosotros.

Pensemos en la prohibición de llevar velo en París: una limitación de la libertad religiosa es algo que concierne a todos, que seamos musulmanes, cristianos o ateos. Por eso creo que este encuentro es una cosa única: han reunido a personas de fe, no solo personas de fe en el sentido clásico, sino personas que piensan y actúan de manera única, de un modo nuevo, buscando nuevos espacios. Creo que es fantástico que la religión y las nuevas tecnologías de comunicación se encuentren, habría que hacerlo más.

Por lo tanto, en la era de las ciudades ¿la fe no está destinada a convertirse en algo irrelevante, o lo que es peor, destructivo?

Cuando dicen que la religión es la causa de algunos problemas sociales -y aquí estoy hablando de mi religión, del islam- se están rechazando los aspectos positivos con los negativos, solo por culpa de alguno que tiene una perspectiva estúpida de su fe.

Es necesario volver a dar importancia a la religión en nuestra sociedad, mirando a lo que han hecho grandes personas inspirándose en su fe, como Malcolm X, como Martin Luther King, y los cambios que han provocado a nivel mundial.

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