16 de Noviembre de 2018

Entretenimiento

El Güiri Güiri se refugia en el cine

Está alejado de la televisión “porque te somete a la presión del tiempo y a criterios de otros”.

El Güiri Güiri ha dedicado tres años a su primera película. (Agencias/Foto de archivo)
El Güiri Güiri ha dedicado tres años a su primera película. (Agencias/Foto de archivo)
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Agencias
MÉXICO, D.F.- El comediante Andrés Bustamante, (a) Güiri Güiri, dejó atrás los sketches de 10 minutos para “echar desmadre” por más de una hora con su película "El crimen del cácaro Gumaro". En su primera vez como guionista de cine, buscó la ayuda de Armando Vega Gil para rendir un tributo peculiar al cine mexicano.

Esta historia puede recordarnos La ley de Herodes, Presunto culpable, El laberinto del fauno o todas las anteriores. Con personajes y paisajes que “tomaron prestados” de otros filmes, El Güiri Güri se dispuso a explorar todas las posibilidades de una comedia que hace constantes referencias a sus películas favoritas, alejándose cada vez más del formato televisivo que le dio fama, informa Hey! Milenio.

Hoy, dice, tiene tiempo de aprender un nuevo género con “los mejores maestros que pudo encontrar”, y siente la confianza para equivocarse más de una vez, pues “no hay nada que no se arregle con una toma dos”; siente también miedo de que sus chistes no sean tan graciosos como antes o que la gente haya olvidado cómo reírse con él, pero asegura: “Hoy, a los 53 años, mi carrera apenas comienza”.

¿Cómo fue su primera vez en cine?

Todo ha sido muy padre. Empezó desde 2009 y ha sido como un juego interminable. No ha habido raspones ni jaloneos, todo acaba en risa. Y mi primera filmación ha sido mi ideal. Porque en televisión siempre quise tener más tiempo, y ahora tengo más de una hora para hacer mi desmadre y acompañado de amigos entrañables.

¿Tiene pensado otro proyecto de cine?

Me encantaría. Voy a esperar a ver la reacción de la gente, ver cómo la recibe. Este nos tomó más de tres años, así que hablar ahora de uno en concreto sería adelantarnos mucho. Siempre está el gusto inexpugnable del público, que es lo que te puede decir más o menos por dónde irte, en realidad nunca sabes lo que les va a gustar o no, así que mejor no me arriesgo y me espero.

¿Le da pánico escénico no poder ver la reacción de la gente ni tener un rating?

Cuando estás en vivo y sueltas el chiste 34 y no se ríen, si tienes un buen oficio, tienes hasta el 40 para intentarlo. Pero un producto como este, que ya no puedes cambiar, es tan distinto que se me hace un hueco en la barriga. Sí, me da miedo que ya no los haga reír. Nunca he dejado de hacer comedia, pero me ha visto un público reducido y no sé cómo me vaya ahora. A la mejor ya no se acuerdan de que yo era chistoso o por qué los hacía reír. Es como un miedo de principiante, porque me vuelvo a reencontrar con un público masivo. Afortunadamente me siento tranquilo y satisfecho con el proyecto que estamos presentando. Si yo no los hago reír, ahí está Jesús Ochoa.

¿Se creía capaz de hacer una película?

No sé si incapaz, pero nunca me lo había imaginado. Estaba acostumbrado a otro ritmo, con la navaja del horario televisivo en el cuello todo el tiempo, luego las prisas de la improvisación en vivo. No me había sentado a pensarlo y verme en un proyecto así de ambicioso. Cuando me lo ofrecieron fue un gran reto y claro que lo dudé por un momento, porque no quería defraudar a nadie, pero ya que me atreví y me solté el chongo todo fue muy fácil.

¿Cuál fue la última película mexicana que lo dejó encantado?

Pastorela, justo también dirigida por Emilio Portes. Desde ahí me gustó su trabajo y me encantó que él fuera director de mi película. Me gustan sus personajes, el humor muy inteligente y la historia que es muy entretenida. No hay espacio para pasársela mal y la gente también necesita eso en el cine. Un espacio para respirar y reírse sin mayor ambición.

¿En quién se inspiró para su personaje?

No hay uno exacto. Tengo patillas de López Portillo, lentes de Fidel Velázquez, traigo un rollo de político setentero. No es una caricatura precisa de alguien, pero toma elementos de todos. La verdad es que todos los políticos son un poco una caricatura.

¿La política mexicana la da risa?

Primero me da mucha tristeza, pero luego me da risa. La risa es la pírrica venganza que tenemos los ciudadanos. Hacer chistes y burlarnos de los políticos es lo único que nos queda cuando legalmente no se puede proceder. Reírse de estas desgracias politiqueras deja al menos tranquilidad, la sensación de que ya cobramos venganza.

¿Qué haría si fuera presidente?

Nunca sería Presidente. Los políticos se ven orillados a hacer cosas que no quisieran y eso me parece terrible. Tienen que quitarles a unos para darles a otros y siempre alguien está inconforme. No podría con la presión y la depresión. En el hipotético caso de que se me ocurriera ser Presidente, primero pondría en orden la educación y castigos más severos a los políticos corruptos.

¿Qué le parecen los nuevos comediantes de la televisión?

Yo los respeto a todos y estoy abierto a todo. Creo que, no por los compañeros, sino por la misma dinámica de la televisión, ahora vemos un humor más procaz, soez, menos movido por la inteligencia y más por lo visceral. Pero igual los admiro, porque sé lo difícil que es el medio.

¿Hay algo de lo que nunca haría un chiste?

Todo lo que tiene que ver con tragedias y bajezas humanas, en donde al menos yo pondría límites. Hace no mucho hubo alguien que hizo mofa de los 49 niños que murieron en un incendio; a mí eso me parece todo menos chistoso. Dicen que los comediantes, como el agente 007, tenemos licencia para matar, y tal vez en corto puedes hacerlo, pero frente a un público o en la televisión, hay que tener siempre una medida. El humor debe tener límites.

¿Qué hace cuando no está en el escenario?

Leo, invento, comparo, construyo y destruyo. Esa es mi deformación profesional. También leo mucho sobre ciencia, porque me encanta, es el momento en el que puedo hacer algo completamente para mí y completamente inútil. También paso las mejores horas con mi hija de cinco años. Nos divertimos mucho y mi vida es un juego, así que estamos todo el tiempo en la edad del acelere.

¿Qué sería si no fuera comediante?

Científico, un físico para ser precisos. Lo quise siempre, pero las matemáticas se interpusieron en mi camino. Después, entre más leo más me gusta la biología, me parece fascinante y creo que ahí está el avance de la humanidad y la economía. Si no tuviera los años contados, me aventaba una licenciatura.

¿Ha pensado en el retiro?

Constantemente. Desde que empecé. Siempre me dije que a cierta edad, alrededor de los 55, ya no debería estar actuando. Tengo 53, tic-tac-tic-tac. Lo sigo creyendo, después de esa edad no puedo seguir haciendo los mismos personajes. Hay que saber cuándo parar. Ya después me dedicaré a otras cosas, como la conducción, que siempre me ha interesado.

¿Extraña la tele?

Para nada. Cuando dejas de salir en la tele la gente cree que desapareciste y dejaste de trabajar, “o se murió o ya no hace nada”. La televisión tiene un impacto muy fuerte, pero estoy haciendo más cosas en vivo, frente a un público, y eso lo disfruto mucho más. También doy conferencias y otro tipo de presentaciones. Me alejé de la tele justo porque te somete a la presión del tiempo y los criterios de otros. Hoy, soy totalmente libre.

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