12 de Diciembre de 2018

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Agradece homenaje, pero pide trabajo

Ernesto Gómez Cruz fue galardonado en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara.

El acto Ernesto Gómez Cruz, recibió un reconocimiento en el Festival de Guadajara.(Agencias)
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Agencias
GUADALAJARA, Jal.- Cuenta Ernesto Gómez Cruz que para convertirse en actor profesional tuvo que sortear múltiples obstáculos, pues en ese camino pasó de estar preso injustamente en Lecumberri a estudiar actuación en Bellas Artes y con ello fincar una carrera, que anoche fue reconocida en la gala de la 28 edición del Festival Internacional de Cine de Guadalajara.

“No es que desprecie el halago, me lo otorgan en vida y lo voy a disfrutar, pero es muy triste llegar a los 79 años sin trabajo. El homenaje es cumplir con amor a un acto que me proponen, me ha costado tanto sostener mi carrera que cuando me reconocen guardo agradecimiento puro”, dijo el actor en entrevista con ¡hey!

Y es que, “como actor vivo muy mal, con todo el prestigio que tengo sigo pagando renta y mis gastos personales de luz, agua, gas, cable y teléfono; no es fácil, el trabajo escasea para mí, ya no toman en cuenta mi capacidad histriónica y dicen que he estado en muchos proyectos, que ya estoy muy visto”, añadió.

Todas esas décadas de labor histriónica que hoy siente poco valoradas, tuvieron un origen en el puerto de Veracruz, de donde salió a los 20 años con la intención de probar suerte en la capital, “tan bien me fue que fui uno de los agraciados en conocer Lecumberri a finales de los años 50, porque una dama me acusó sin más ni más”.

Al no presentar pruebas fehacientes, el actor salió de prisión al paso de una semana, “de inmediato entré a trabajar en uno de los negocios de comida cercanos a Lecumberri para saldar la deuda por los gastos del abogado que me sacó”, entonces llegó el momento de regresar a su natal Veracruz y comenzar desde cero.

Con 28 años a cuestas y un futuro incierto, precedido por la pobreza y la falta de estudios, Gómez Cruz conoció a Javier Amézcua, quien le representó un primer acercamiento al mundo artístico,  “él me enseñó fotografía y por fin tuve la fortuna de ver mi bolsillo lleno de billetes. Hacíamos fotos en eventos sociales”, recordó.

“Javier fue un actor dirigido por Buñuel en Los olvidados, él es a quien le dan la famosa pedrada en la cabeza. Yo no sabía quién era, pero me ayudó mucho en la fotografía y el teatro”, añadió sobre el hombre que marcó su vida.

Pero la fotografía solo le garantizó un estilo de vida temporal, porque gracias a su nuevo amigo, descubrió que su pasión estaba sobre los escenarios, “me di cuenta de que mi vocación era convertirme en un actor profesional y aproveché para atosigar a los responsables del teatro foráneo; como el maestro Héctor Azar.

“Sabía que no tenía derecho a una beca porque solo tenía estudios de primaria, porque siempre he sido pobre, pero no quería ser un actor improvisado; hablaron con Bellas Artes y fueron a verme para ver si me daban una beca”.

Para cuando le dieron una oportunidad en Bellas Artes, “no tenía para comer, ni dónde dormir, la fotografía no resultaba porque todos estábamos igual de pobres, volví a insistir con el maestro Héctor para conseguir con qué vivir”, agregó.

Y entonces llegó el golpe de suerte, pues justo a los 15 días de egresar como actor y con la preocupación de no tener trabajo, se presentó la oportunidad de unirse al elenco de Los Caifanes (1966), “mi sueño no era hacer una película, yo quería ser actor de teatro y es lo que menos he hecho, pero esta historia representó un todo para mí.

“Cuando les dije a mis familiares que saldría en una película no me creyeron, menos cuando les dije que iba a trabajar con Julissa, me dijeron: “¡Ah, órale!”.

A partir de este momento, la historia de Gómez Cruz se escribió de la mano de directores, como Jorge Fons, Felipe Cazals, Arturo Ripstein, Carlos Carrera y Luis Estrada, “he tenido la suerte de trabajar cuando había cine en abundancia y me halaga haber participado con los mejores directores mexicanos. 

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