20 de Mayo de 2018

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Conozca a los Vaqueros de la Cruz del Diablo (video)

En Sonora hay una comunidad en la que los refrigeradores y los televisores son los únicos 'extraños'.

Lo que en Huasábas puede verse es único, salvo que lo vea en las películas del viejo oeste. (wernersegarra.com)
Lo que en Huasábas puede verse es único, salvo que lo vea en las películas del viejo oeste. (wernersegarra.com)
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Marcos Romero/Ansa Latina
MÉXICO, DF.- El viejo oeste, caracterizado por el cine de Hollywood como un lugar desolado de hombres rudos al estilo de John Wayne, todavía existe en un poblado del norte de México, a poca distancia de Estados Unidos.

Se trata de Huásabas, en el estado de Sonora, un pequeño pueblo de unos mil habitantes enclavado entre las montañas de la Sierra Madre, a 160 kilómetros de Nogales, la frontera con el país vecino.

Los testimonios que comprueban que vaqueros del Salvaje Oeste son aún una realidad del lado mexicano de la frontera fueron rescatados por el fotógrafo puertorriqueño Werner Segarra, que publicó hace poco un ensayo titulado Vaqueros de la Cruz del Diablo.

La historia detrás de las fotos de Segarra ha sido recogida por la gran prensa mundial como el diario The New York Times o la BBC de Londres, aunque en México ha merecido muy poca publicidad.

El proyecto es fruto de 20 años de trabajo por parte de este artista, radicado en Arizona, que viajó constantemente y rescató momentos cotidianos de esta olvidada localidad mexicana, levantada junto al río Huásabas y que parece extraída de una cápsula del tiempo.

El autor expone que estas imágenes "reflejan la esencia humana y las tradiciones de esta sinuosa aldea mexicana", descrito por algunos como "un pequeño paraíso".

"La vida diaria del vaquero es transformada en una historia visual dirigida a introducir al público en la compleja realidad de esta pequeña localidad", señala.

Según Segarra, de madre alemana y padre puertorriqueño, en las últimas dos décadas, cultivó una "íntima relación con este poblado y su gente, lo que le permitió capturar el ambiente del cowboy de un modo que sería difícil para cualquiera atrapar en su esencia".

Gracias a la convivencia y amistad que logró desarrollar con sus habitantes, asegura que fue capaz de usar sus fotografías para contar una historia que "entrelaza todos los aspectos del mundo del "vaquero norteño", como la familia, la religión, las tradiciones, la cultura, el trabajo y los animales.

"A través de este proyecto, yo pretendo capturar, honrar y compartir las vidas de los Vaqueros de la Cruz del Diablo", que trabajan largas jornadas y aún se dedican a la agricultura y la ganadería. afirma.

Para lograr su propósito se apoyó en el trabajo de otros artistas como Leo López para crear música, narrativa y poemas cortos al estilo de la música norteña para acompañar la historia visual, afirma.

Las fotografías han sido exhibidas en varias ciudades estadounidenses como Phoneix, Arizona, Los Angeles y Santa Fe, California y en la Petrus Gallery de Puerto Rico.

Las fotos muestran a los habitantes de la localidad mexicana a caballo, usando sus típicos sombreros y camisas a cuadros, los jeans, las chaparreras y las botas con espuelas.

También aparecen los campesinos -que trabajan de sol a sol- en sus rústicas viviendas aunque siempre acompañados de su pistola y sus cuerdas para mantener bajo control al ganado.

El toque mexicano radica en los pequeños altares sobre mesas sencillas de madera sin pulir con la imagen de la virgen de Guadalupe rodeada de candelas y las fotos familiares con bandoleras en el pecho como los combatientes de la guerra civil de 1910. 

El único detalle de actualidad son los refrigeradores y los televisores con que cuentan ahora las viviendas.

A raíz del trabajo del fotógrafo, ha aumentado la cifra de visitantes a este poblado donde por supuesto no se escenifican duelos en la plaza principal ni hay una taberna donde se escuchan a todo volumen las notas de la pianola, como se suele caricaturizar al salvaje oeste norteamericano.

Al contrario, en las redes sociales se describe a este sitio como "pacífico y apacible" y se elogia sobre todo "la amabilidad de su gente", que lo "hace un paraíso, a pesar de su fuerte calor en el verano y sus fríos inviernos".

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