16 de Agosto de 2018

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Sabina pierde la voz a la mitad de concierto

La salud del cantante minó la posibilidad de que interpretara todo su repertorio.

Ante más de 17 mil fans Sabina enmudeció en su escenario favorito. (Foto: El País)
Ante más de 17 mil fans Sabina enmudeció en su escenario favorito. (Foto: El País)
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MADRID, España.- "Joaquín (Sabina) tiene una afonía terrible y no puede seguir con el concierto", anunció a las 23.20 Pancho Varona. Sus músicos habían continuado la actuación donde lo dejó el jiennense, en un emotivo 'Y sin embargo' que abandonó como un fantasma a la mitad. Interpretaron otros tres temas esperando el regreso de su líder al escenario, pero nunca sucedió. Ni siquiera para despedirse. El público estalló en un sentido aplauso. Otros batían sus palmas resignados, informó El País.

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"Joaquín (Sabina) tiene una afonía terrible y no puede seguir con el concierto", anunció a las 23.20 Pancho Varona. Sus músicos habían continuado la actuación donde lo dejó el jiennense, en un emotivo 'Y sin embargo' que abandonó como un fantasma a la mitad.

Interpretaron otros tres temas esperando el regreso de su líder al escenario, pero nunca sucedió. Ni siquiera para despedirse. El público estalló en un sentido aplauso. Otros batían sus palmas resignados.

Sabina en pleno concierto en Madrid. (twitter)

Que la noche no estaba para fiesta ya lo predijo el propio Sabina minutos antes. "Hay días en los que se cruzan los cables del corazón y la garganta. Los problemas de voz no me van a impedir seguir cantando como pueda". Y el jiennense lío la mundial: todo el público estalló en un "oé, oé, oé".

Acto seguido cantó 'De purísima y oro', una canción que nunca interpreta pero que es su "favorita". La dedicó a sus hijas, suegros y sus sobrinas-nietas con ojos llorosos, como inició la actuación, muy emotiva. "Se comenta que es su última gira, muy a mi pesar", afirmó afligida María Silva.

A juzgar por los nervios del propio Sabina, el concierto sonaba a despedida. Lo inició fuerte, poniendo en pie al público que abarrotaba el Wizink Center (17 mil 400 localidades, todas vendidas desde hace meses).

La capital es la ciudad fetiche del jiennense. "Siempre hay un tren que desemboca en Madrid. Siempre hay un niño que envejece en Madrid", cantó para abrir el telón. Los sentimientos estaban a flor de piel y Sabina, lo sabía. Abrazó a su gente, devolviéndole el cariño que estaba recibiendo. Le hacía falta.

"Como saben ustedes esta gira interminable he estado recorriendo pasillos de sórdidos hospitales", recordó un inquieto Sabina, que parecía un primerizo a sus 69 años. El cantautor alertó de que quienes digan que la vejez es fantástica, "mienten como bellacos" porque "envejecer es una puta mierda".

Los ojos llorosos delataban que Sabina no estaba bien. Se tocaba demasiado los brazos, pero aguantó estoicamente porque "a pesar de haber pisado los escenarios más prestigiosos, el único que rejuvenece es Madrid".

Para entonces, el jiennense ya se había desentendido de su chaqueta. Exhibía una camisa negra de mangas cortas con dibujos de pequeños y coloridos dinosaurios, como si quisiera hacer un guiño a su edad, que maldijo en más de una ocasión:

"Mi plan no era envejecer sin dignidad, sino pasar de la adolescencia a la vejez sin ser adulto. Llegar a los 69 es lo más glorioso que puede conseguir un viejo verde". Y desapareció dejando un rastro de inquietud entre sus fans, aunque lo negará todo. Incluso la verdad.

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