12 de Diciembre de 2018

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José Luis Loría lleva la grandeza de los felinos al lienzo

El pintor expondrá, en los primeros días del 2014, sus cuadros en el Macay, para luego ser exhibidos en la China Comunista.

El pintor José Luis Loría posa junto a el cuadro de Cleo, que sin proponérselo, fue seleccionado  para integrar la muestra y ser, de nuevo, uno de los protagonistas. (Milenio Novedades)
El pintor José Luis Loría posa junto a el cuadro de Cleo, que sin proponérselo, fue seleccionado para integrar la muestra y ser, de nuevo, uno de los protagonistas. (Milenio Novedades)
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Cecilia Ricárdez/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Si las paredes hablaran… si los gatos hablaran… mucha gente se sorprendería de su capacidad para amar y condolerse con los seres humanos o, para su “mala suerte”, se repetiría la Gran Matanza de Gatos de París, Francia, en 1730 por hallarlos culpables de ser instrumento de brujería y salación.

Pero este pequeño felino tiene mucha historia que contar: el gato de Donatien Alphonse François de Sade, el marqués de Sade, seguro nos tendría con la boca abierta; el del Truman Capote, expectante, y el de Fidel Castro, con el oído gozoso de tantas revelaciones.

El minino de León Trotsky no aburriría a nadie, menos el de Maquiavelo, mientras que el gato de Jacqueline Kennedy tocaría las fibras del corazón como un arpa de mil cuerdas. Así es, todos tenemos una historia que contar...

Louis E. V. Nevaer escribió, el  libro de cuentos “The feline Disclosures” (Divulgaciones felinas), en cuyo texto libera información valiosa de la experiencia de gatos de famosos dueños. Aquí, en Mérida, el pintor José Luis Loría les pone rostro, pelo, temperamento, pupilas encendidas, como expresa Juan Villoro; y ese rayo en los ojos, el enigma en el que no se sabe si es una mirada de amor, la indiferencia del aburrimiento, o se trata de desprecio, según se pregunta Nevaer.

Como toda historia que concierne a los gatos, la relación entre estos escritores y el pintor yucateco es producto de una peculiar serie de coincidencias… y en esta ocasión el punto clave es Cleo (un pequeño felino de la raza “exótico”) descrito por el artista plástico como “muy independiente, pulcro, astuto y paciente, que por esas virtudes propias se había ganado el maravilloso hogar en el que vivía” y ser reinterpretado a gran escala, por sus manos de artista, e inmortalizarlo, algo así como un pequeño y travieso Dorian Gray. 

Esta vez Cleo es convertido por Loría en “Mrs. Kennedys Cats” (El gato de la Señora Kennedy), uno de los cuentos de la serie de “Divulgaciones Felinas”, de Nevaer

José Luis Loría conoció a Cleo gracias a Rich, en lo que fue un encuentro atropellado, pero muy productivo, y como todo artista el pintor yucateco tiene esa capacidad para captar los detalles y sensaciones que para muchas personas pasan desapercibidas.

En este proceso, reveló Loría, le pareció captar cómo Cleo le contaba sobre su especie y su fascinante historia de vida: en su época temprana fue Cleopatra...

Así es, al crecer en medio de un proceso de esterilización, los dueños de este hermoso felino se enteraron que no era gatita, y para resolver felizmente la confusión, redujeron su nombre a cuatro letras: Cleo.

El encanto de este animal doméstico es tal, que además de ser protagonista de este enredo de géneros, fue inmortalizado por el fotógrafo Ray Celis, retratista del pintor yucateco que afina detalles de una exposición con lienzos de hasta cuatro metros de longitud dedicados a diversas especies de gatos.

Los cuadros estarán expuestos a partir de los primeros días de abril de 2014 en el Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán (Macay) para luego ser exhibidos en la China Comunista. 

Cleo, sin proponérselo, fue seleccionado  para integrar la muestra y ser, de nuevo, uno de los protagonistas, pero esta vez convertido por Loría en “Mrs. Kennedys Cats” (El gato de la Señora Kennedy), uno de los cuentos de la serie de “Divulgaciones Felinas”, de Nevaer.

Y es que Lois E. V. Never se atrevió a escribir humanamente el pensamiento de los gatos, por lo que su libro estará enriquecido por las ilustraciones del pintor, quien aporta 25 de sus felinos y será presentado en una primera edición en enero y una segunda, con Cleo, en abril, en el marco de la muestra en el Macay.

El proyecto literario tiene sus orígenes en los 50, cuando el artista Andy Warhol creó una serie de ilustraciones de estos pequeños animales, una tarea caprichosa que consistió en dibujo de felinos y un gato azul dedicados a su madre y publicados como “25 gatos llamados Sam y un gato azul”. 

Pasarían décadas para que Louis E. V. Nevaer conociera a Warhol. Transcurrían los 80 y en medio de una plática -según el autor, rara, o tan tonta, dependiendo de la tolerancia de uno para el existencialismo, justo al lado de una malicia inculta-  el estadunidense cuestionó la interpretación de la actriz Tallulah Backhead en la película Lifeboat (Náufragos en las carteleras hispanas), de Alfred Hichcock, señalando que su actuación habría sido diferente si hubiera tenido una gata con ella.

Warhol, quien le dijo a Louis estar de luto por la muerte de su compañero felino Hester, especuló sobre lo que un gato diría acerca de su amo y comentó: “Alguien debería rescatar a esos pobres gatos del hogar de Edward Gorey” (ilustrador de felinos para hacer crítica política) o imagínate lo que el gato de Truman Capote ha visto a través de los años”. El escritor yucateco, atento, tomó nota en portavasos, pedazos de papel y archivó las ideas...

Pasaron décadas

En 2010, mientras el escritor tomaba un café con José Luis Loría, el tema de los gatos resurgió. La plática removió las memorias de Nevaer, quien buscó y encontró la carpeta con los terrenos vagos, ideas y notas sobre aquella plática con Wharhol, ahora enriquecida por la obra del pintor; dos artistas diferentes, uno del siglo pasado y otro actual, pero ambos fascinados con los gatos y cuya afición inspiró la colección de cuentos de gatos imaginarios.

En el piso de especulaciones donde surgieron uno a uno los relatos, tiene lugar la realidad porque todos están ubicados en un tiempo y espacio, respaldados por una investigación documental.

Y Cleo se ganó el lugar para ser “Mrs. Kennedys Cats” (El gato de la Señora Kennedy) porque su especie surgió en la época de majestuosidad de la distinguida esposa de John F. Kennedy, un hombre que sigue cosechando más allá de donde sembró. 

El cuento tocó el arpa del corazón de Loría provocando las mismas lágrimas derramadas por el pintor, cuando a sus 10 años se enteró de la muerte del expresidente norteamericano, quien instauró el programa “Alianza por el Progreso”, del que fue beneficiario el artista cuando era educado por estadunidenses en el Colegio Americano. 

Loría trabaja lejos del barullo de la humanidad, acompañado de sus gatos para lograr lo que llama Villoro la excepcional gatomaquia

“Es en este dolor, tan oscuro, tan bruto, tan intenso que lo conservo más que nunca. Me duele ver su rostro y es sólo cuando puedo tocarla que encuentro la fuerza para superar la soledad y esperar la llegada de la luz de la mañana. Con gusto daría todas mis vidas de gato para que él pudiera volver a ella”,  expresa el felino del cuento en sintonía con el sentimiento de José Luis Loría por el dolor de la viuda, él, en cierta forma, también es Cleo.

Pero las voces de los gatos no sólo son conmovedoras, “Eros”, cuyo amo el Marqués de Sade, revela sus experiencias en el sanatorio para enfermos mentales Charenton-Saint-Maurice y “Martí”; sacude las mentes con sus reflexiones y testimonios a lado de su dueño, Fidel Castro y su hermano Raúl, como un felino que ha sobrevivido en una tierra interminable de revolución, donde, paradójicamente, las cosas están en constante cambio, pero siguen siendo lo mismo porque él sigue bebiendo sangre, sirviendo a su amo, su Dios, que no tiene posibilidad de reinvención porque “él es el monstruo que siempre ha sido”. De esta forma, cada gato comparte lo que vivió.

Cleo, en el libro. Cleo en la exposición de los gatos gigantes. Cleo en el corazón de Loría.

Amigo del artista Juan Villoro,  cercano a los sentimientos del pintor hacia los gatos, escribe el texto que acompañará la exhibición, en la que también está “Capuchino”, su amigo felino inmortalizado por el pintor y bautizado por su hija, igualmente aludido en su libro “Conferencia sobre la lluvia”.

Villoro expresa que aunque el gato se acueste con elegancia en un sofá, o se detenga ante nosotros como un adorno egipcio, tiene algo salvaje y da esa posibilidad de acariciar a un tigre, como dice Víctor Hugo, y parafrasea José Emilio Pacheco. Rrrrr, Rrrrr.

“Los gatos repudian a los domadores tanto como al agua fría y se acercan a los magos como al pescado…”, y José Luis Loría pertenece a esa estirpe, apunta. 

Con sus pinceles de embrujo, el artista yucateco ha captado las numerosas formas que el destino tiene de convertirse en gato, y casi en una simbiosis, se convierte en el pintor-mago que entra a su estudio de día y sale con la noche, como un felino. 

Loría trabaja lejos del barullo de la humanidad, acompañado de sus gatos para lograr lo que llama Villoro la excepcional gatomaquia, en la que los animales posan con el orgullo de quienes tienen un merecido nombre propio.

Como gato, al estilo de Nevaer, Loría se desarrolla lo suficientemente amistoso para ser considerado como amigo, pero lo suficientemente distante para no ser visto como una amenaza, esta vez, es quien da rostro a la voz de los gatos y quien compartirá con Mérida y el mundo, en enero próximo, la grandeza de los felinos. 

Si los gatos hablaran…los querían más o tratarían de callar sus maullido, quitándole alguna de sus 7 vidas. Miau.

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