22 de Septiembre de 2018

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Gokú cumple 30 años de marcar a una generación

Dragon Ball cumple otro aniversario y te damos cinco razones por las que cambió la televisión infantil mexicana

Cuando Dragon Ball comenzó a transmitirse en México se hizo mediante una terrible versión censurada traducida por la compañía Harmony Gold. (Imágenes de Toei Animation)
Cuando Dragon Ball comenzó a transmitirse en México se hizo mediante una terrible versión censurada traducida por la compañía Harmony Gold. (Imágenes de Toei Animation)
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Excelsior/  Diego Pérez
CIUDAD DE MÉXICO.- En la televisión mexicana siempre tuvimos animaciones japonesas de gran calidad pero no fue hasta la llegada de los Caballeros del Zodiaco (aquella épica entrada que nos prometía cortes que ocurrían sólo en la película La Batalla de los Dioses), comprendimos que había un país llamado Japón y que ahí se hacían caricaturas muy peculiares y de mucha calidad.

Hace 20 años las cosas eran muy distintas y en la televisión mexicana ocurrió algo que marcó a una generación entera.

Era 1996 –en algunas versiones el 1994, no se tiene una fecha exacta- y los niños mexicanos aún vivíamos un romance con los santos de Atena, Las Tortugas Ninja y ese extraño programa de presupuesto paupérrimo, los Power Rangers, cuando un lunes cualquiera se estrenó Dragon Ball.

Zero, Cachito y compañía pronto se apropiarían de la programación y se convertirían durante años en el programa más importante de la televisión mexicana sin estar exentos de controversia.

¿Quiénes eran esos?, bueno, cuando Dragon Ball comenzó a transmitirse en México –y muchas partes de América Latina y Estados Unidos- lo hizo mediante una terrible versión censurada traducida por la compañía Harmony Gold.

Esa versión fue llamada Zero y el Dragón Mágico y afortunadamente Bandai pronto se dio cuenta del fracaso potencial en una serie con muchas posibilidades por lo que instó a transmitir el anime con la traducción más fidedigna –que nunca es exacto, lo sabrán los traductores-, en el que Zero y Cachito pasaron a ser Goku y Krillin respectivamente.

Después de aquel reajuste todo comenzó a tomar forma, aquella serie pasó del horario de 3:00 PM a las 8:30 PM, una locura si consideramos que era una caricatura en una época en la que las animaciones eran cosa de niños y después de las 6:30 de la tarde la televisión mexicana era propiedad de los adultos.

Dragon Ball cambió muchas cosas y se convirtió en un fenómeno tal que a esa hora la mayoría de los televisores a nivel nacional estaban sintonizados en el Canal 5.

Violenta, sexual, en una época en la que el internet parecía una leyenda urbana y los niños sinceramente se divertían en los recreos escolares con los prosaicos tazos, estos son los cinco motivos por los que Dragon Ball cambió a nuestra generación.

Censura sin precedentes

Seamos francos: un niño de seis años no debía mirar Dragon Ball sin censura debido a su tipo de contenido –no lo digo yo, lo dice un el censo de edad, yo igual lo vi.

Hubo una época en la que el mundo funcionaba de forma sencilla, el horario de noticias era para los adultos, los canales homólogos abiertos eran para las mamás y los niños tenían un rato de diversión animada después de la escuela mientras hacían sus tareas escolares.

¿A quién se le ocurriría que una caricatura tuviese contenidos no aptos para una infancia inocente y medio ignorante como la mexicana en aquel entonces?

Será muy difícil que aquellas escenas sexuales o sangrientas pasen íntegras por nueva cuenta en la televisión abierta mexicana (lo que se transmite ahora ya está editado), pero recuerdo que Dragon Ball fue de las primeras caricaturas que instó a los fanáticos religiosos y defensores de las buenas tradiciones y la moral (iugh), a mirar con ojo crítico –y asustado- lo que los niños estaban viendo.

Recuerdo que estos sujetos de un programa de chismes que estaba de moda entonces –y aún se transmite para que nos demos idea del nivel de calidad de la triste televisión nacional- instaron a los padres a prohibir a los mamás que sus niños vieran Dragon Ball.

Ni aquella influyente voz chillona con intelecto de puberta criada en escuela católica –claro, no me burlo de los que lo hacen sin remedio, es de esos que asiste de forma voluntaria y con gusto- pudo detener el fenómeno mediático de Dragon Ball.

Mesas de discusión, análisis –medio baratos- y un sinfín de advertencias de que esta animación formaría a adultos pervertidos, violentos y desubicados, muchas de ellas propiciadas más por la competencia entre televisoras que como otra cosa impidieron que diario tuviésemos nuestra dosis diaria de kamehamehas. Lo acepto, no somos la generación modelo, pero ¿era enserio?

Sexualización 

El tema de la sexualidad infantil es muy controversial, mientras algunos piensan que lo mejor es mantener ignorantes e inocentes a los infantes de estos temas para mantener su cabecitas limpias de cualquier pensamiento impío, otros consideran que la mitificación del sexo es dañina e incluso peligrosa para el desarrollo humano.

No soy un experto, lo cierto es que para muchos niños de esta generación Dragon Ball significó uno de sus primeros contactos con el ideario sexual debido a sus escenas subidas de tono.

Bragas, dibujos del pequeño miembro infantil de quien sería el sujeto más poderoso del universo, tocamientos y un sinfín de cosas que harían desmayar a tradicionalistas conservadores ocurrieron frente a los ojos de nuestra generación en sus años mozos mientras las madres pensaban que mirábamos alguna caricatura con temática medio boba.

Lo cierto es que sí, en Dragon Ball había sexualización abundante y la presencia de un pervertido anciano cuya dinámica no era políticamente correcta, pero hasta el momento creo que aquello no me ha arruinado la vida ni he cometido ningún delito de esa índole.

Violencia 

Recuerdo que la muerte de Krillin en la saga de Píccoro fue de las cosas más inesperadas en mi infancia.

Espera: ¿en realidad está muerto?, aquello fue un escándalo en mi cabeza de infante cuya mayor afición antes de eso eran las Tortugas Ninja y algunos dulces medio malones.

Otro momento de violencia que me sorprendió vino a mí cuando en DBZ, Nappa le corta de un golpe parte de un brazo a Ten Shin Han. Lo cierto es que en la versión sin censura de Dragon Ball abunda un tipo de violencia un poco subida de tono.

No debemos negarlo, actualmente la sangre o incluso escenas completas han sido censuradas cuidando este pequeño detalle –que tampoco terminó con mi infancia-, sin embargo este detalle atendía a una realidad que pocos comprendieron en aquel entonces: Dragón Ball no era una caricatura para niños –aunque al menos en nuestro  país y muchas partes de América y Europa lo fue por ignorancia de las propias televisoras.

Si se sigue transmitiendo censurada es debido a su impacto social y cultural, -y que ha sido editada y censurada hasta el cansancio para pasar el censo de programación-, porque es cierto que lo más probable es que de saber su contenido sin censura, es probable que nunca hubiese llegado a esta parte del mundo.

No todas las caricaturas son para niños

Dragon Ball era una caricatura perfecta para el adolescente en aquella época. Quizá hasta ese entonces nadie había pensado que podía existir un producto tal porque hasta entonces en México el crecimiento era una escaleta recta y aburrida que dictaba la vida y gustos de la infancia hasta la edad adulta.

Así de primitivo era aquel México que nunca se nos ocurrió que los videojuegos podían ser consumidos por adultos algún día, que el internet acercaría todos los vicios posibles a los menores de edad –y al mismo tiempo sería la herramienta de información y conocimiento más útil en la historia de la humanidad, y que, las caricaturas no eran necesariamente sinónimo de infancia.

 Es probable que no lo pensemos tanto, pero Goku abrió los ojos a una generación en un público que estaba olvidado y que en la actualidad forma mayoría en la población mexicana: la juventud. Si, señores televidentes, cerca de ustedes existen jóvenes que en la actualidad determinan el objetivo principal de los mercados porque son mayoría.

Una gran obra

Es probable que sea mi edad y la neurosis de tener que asistir a una oficina diariamente para hacer cosas básicas como comer.

Pero muchas veces he visto caricaturas que en la infancia me parecían lo más genial y de pronto, cuando las veo en la actualidad, me parecen muy malas. ¿Han visto He-Man últimamente?, creo que tenía un problema de apreciación en mi niñez.

Sin embargo Dragon Ball (y en particular DBZ) está muy bien estructurado y ofrecen una historia muy buena aún a mi edad. Todo se lo debemos a un gran guion lleno de vueltas y sorpresas, estamos ante una de las mejores animaciones de la historia y una que marcó el desarrollo de muchas que en la actualidad están de moda.

Aunque en ocasiones abundan las pláticas que alargan los combates de forma un poquito grosera, lo cierto es que la historia es muy buena e impactante.

Dragon Ball es ciencia ficción, no es una caricatura a secas y aunque –es cierto- para el final aquello ya atentaba contra las leyes del universo (todos eran semidioses poderosos), los que crecimos en aquella época sabemos que Goku es un personaje icónico –lo aprendí a la mala, la muestra aquí- que marcó a toda una generación y nos enseñó cosas del mundo de las que muchos adultos no nos querían hablar en aquel entonces como de la muerte o el sexo.

Pero también enseñó valores tales como la superación y la amistad, quizá el mayor aprendizaje de Dragon Ball es que no existe ni negro ni gris y todo es un sutil y elegante gris intermedio.

(Información de Excelsior)

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